martes, 26 de julio de 2011

Dolor


El amor me duele

y el alma la tengo sangrante.  

Este dolor que me desgarra

y me hace llorar a gritos.

 

¿Cómo iba a saber que amarte

iba a ser tan doloroso?

Te amo, y no me arrepiento de ello,

 pero el dolor que hoy cargo es tan inmenso...

No existe analgésico,

ni nada que me cure de esta agonía,

ni que calme este amor intenso

que arde dentro de mí.

 

¡Te amo!, ¡te amé!,

 y dolió. Y eso,

 jamás lo olvidaré.


miércoles, 20 de julio de 2011

El Secuestro.


Tenía muchas ganas de hacer una locura, de hacer algo realmente entretenido y excitante.

 

La tarde estaba soleada venia saliendo del trabajo y me dirigí al paradero del bu para irme hacia mi casa, en esto pasaba frente a mí un jeep blanco del año, y el chofer era un lindo y guapísimo hombre moreno de ojos verdes, cabello castaño; con su camisa medio abierta y su corbata estaba en el asiento del copiloto, él me miro y nos sonreímos; en eso yo me acerqué al auto a saludarlo, abrí la puerta y me subí sin invitación alguna y le dije ¡Hola! ¿Cómo estás? ¡Soy Lily y estás secuestrado!, ¡Todo lo que queda de día serás para mí!

Mi victima resulto ser un médico que venía de su turno de algún hospital, conversamos sobre eso en el camino y me pregunto ¿Dónde quedaba el lugar de la detención?

-Le dije que siguiera manejando hacia el oriente por Tobalaba, hasta príncipe de Gales, por ahí cerca de un mirador hay un motel, con cabañas, súper lindo.

Llegamos a nuestra habitación, nos besamos locamente, nos quitamos la ropa con ímpetu y un desenfreno cargado de pasión, lujuria y deseos sin límites, seguimos besándonos por cada milímetro de piel, acaricie todo su esbelto y atlético cuerpo, fuerte y musculoso, era el sueño de cualquier fémina tener a este adonis en la cama para una solita.

Él comenzó a besar mi cuello, bajo suavemente hasta llegar a mis pechos, los lamió, los tomo con sus manos suavemente y sentí como mis pezones se ponían duros, tensos y al sentir el roce de su lengua por mis pechos sentí por todo mi cuerpo una carga eléctrica, que comenzaba por mis pezones…y luego empezó a succionarme como si quisiera alimentarse de mí, mientras sus manos aún estaban acariciando mi piel.

Mientras él estaba ardiente siguió besándome, lamiéndome, succionándome y bajaba suavemente por mi cuerpo, hasta llegar al monte de Venus y ahí se entretuvo acariciándolo, jugando con mis bellos púbicos como si fueran hilos de plata los deshilaba uno en uno.

Sus manos ahí, en mi zona especial, me causaba una sensación electrizante que se volvía cada vez más estremecedora, mientras seguía entrando y acariciando mi clítoris, mi sexo estaba ya humedecido, completamente mojado y con sus manos abría mis piernas y comenzó con sus dedos y abrió mi vagina él se puso frente a ella y comenzó a lamerla, a saborear mi clítoris y a penétrame suave y deliciosamente con su lengua y en eso estuvo bastante tiempo y me hizo gemir de una manera descontrolada, jamás había sentido tanto placer, nunca un hombre había logrado que sintiera orgasmos tan fascinantes con solo lamerme, acabe muchas veces solo con sus lamidos; después el cambio de posición y puso en mi boca todo su sexo, mientras él aún tenía sus labios en el mío y comencé a succionar su pene como si fuese un rico helado; estuvimos así un  largo rato.

Después de eso él me puso en posición con la cabeza en la almohada de una forma cómoda y él se montó arriba sobre mí y comenzó a penetrarme de una manera suave, pero le pedí que aumentara su ritmo y la velocidad, decía… “más fuerte”, y él tomo mis piernas y se las puso al hombro y ahí introdujo todo su miembro duro, hasta lo más profundo de mí y se movía jadeante, con fuerza, con pasión y locura y me hizo gritar, gemir como nunca, así también acabe varias veces, después de eso me tomo con fuerza y me dio vueltas y me tiro contra la cama, me puso boca abajo en cuatro y comenzó a penetrarme cada vez más rápido y mientras ponía sus manos en mis caderas, y m excitaba cada vez más y más y se movía cada vez de forma más rápida y comenzó deslizar sus manos hacia mi clítoris, y comencé a gritar y chillar, sentía miles de orgasmos deliciosos, lujuriosos e irresistibles, y él dijo que quería acabar y comenzó a moverse más y más rápido y los dos logramos acabar juntos y juntos también dimos un alarido que salió desde lo más profundo de nosotros, un grito  lleno de placer, con el que juntos logramos un orgasmo magistral.

Después nos metimos al jacuzzi tomamos una copa de champagne y pedimos algo para comer, conversamos sobre nuestras vidas y nuestras actividades; ya no recuerdo su nombre, solo recuerdo su actividad, médico.

Salimos del motel como 5 horas después; de ahí me fui al metro y nunca más supe de él.


lunes, 18 de julio de 2011

El afiche Electoral

En los años 40, mi papá acababa de llegar a Santiago, proveniente de Antofagasta, era la primera vez que estaba en la capital, en busca de oportunidades laborales, y aún no se  ubicaba bien aquí en la ciudad; era época de elecciones, y una campaña electoral en plena actividad, la ciudad estaba llena de carteles de los diversos candidatos al parlamento, así que un amigo le dio como referencia un afiche que quedaba en la esquina en la que debía bajarse de la micro para llegar  a la pensión  en la que se estaba alojando.
Todo funciono muy bien durante las semanas de la campaña electoral; pero el lunes siguiente a las elecciones mi papá se paso de largo y llego hasta el mismo paradero de micros.
Las elecciones habían sido el domingo y ya no quedaba ninguna propaganda en las esquinas de la ciudad.

jueves, 7 de julio de 2011

Recuerdos de pasión.

Aún guardo en los labios el almíbar de tu boca,

y en los poros, el rastro de tu aroma:

esa sal húmeda que dejó tu cuerpo 

 Cierro los ojos y te recupero frente a mí;

 éramos una sola marea de carne,

una arquitectura de piel fusionada.

 

Guardo la ternura de tu entrega

y ese ímpetu indomable de tu fuerza.

Moreno de ojos verdes,

tu mirada todavía me atraviesa,

me desviste, me habita.

 

Verte aquí, presente en mi memoria,

me estremece hasta el delirio.

 Es un hambre antigua, una urgencia de ser,

de nuevo, un solo latido.

Qué éxtasis sentirte

en el centro de mi pecho,

habitando mis pensamientos y mis sombras!

Nuestras almas se trenzaron en un nudo

que me permitió rozar el cielo con los dedos,

tus manos encadenaban las mías.

 

Me mirabas fijo mientras me bebías

los besos, y el pulso corría al unísono,

un incendio incontrolable que me arrancó el gemido.

Eres, sin duda, la encarnación del deseo,

el hombre que reinventó la erótica sobre la tierra.

 

Fue un asalto de luz, una magia incontenible

me dejó en este naufragio letárgico.

Sentirte dentro de mi ser fue habitar un sueño,

una experiencia onírica donde sobran las palabras,

porque no hay lenguaje para el roce de la lengua

ni para el viaje exquisito de lamer tu piel.

 

Mi moreno de ojos verdes,

esta comunión de olerte y poseerte es

 la huella más honda de mi vida.

tuya es confirmar que el milagro existe,

que cuando la pasión y la ternura se conjugan,

se alcanzan cumbres que no se pueden nombrar.

 

Haberte sentido en mí es la dulzura

más feroz que he conocido.

Porque no hay gloria más grande que arder en ese fuego...

ese que solo tú supiste encender.


martes, 5 de julio de 2011

El viaje en Autobús

 Tomé el bus hacia Providencia. El calor no venía del ambiente; era interno, una fiebre lenta y hormonal que había encendido mi cuerpo desde anoche. Sentía la necesidad, una urgencia eléctrica, latiendo justo debajo de mi piel.

La noche anterior, busqué ese alivio. Deslicé mi mano, y mi clítoris, ya hinchado y febril, me recibió. Mis dedos se hundieron en la cavidad resbaladiza y palpitante. La humedad era espesa, un néctar ardiente que se agitaba al ritmo frenético de mi pecho. Cada caricia provocaba un suave calambre en mi vientre; el placer se aceleraba como un motor descontrolado. Mi clítoris se hizo una fruta madura, lista para reventar. Necesitaba saborear ese elixir salino; embriagarme en mi propia locura.

Saqué mis dedos, brillantes con el sabor de mi deseo. Los llevé a mi boca, saboreándolos con una avidez animal, como una leona hambrienta lamiendo la última gota de una presa. Era mi placer, mi locura líquida. Mientras lamía, mi otra mano trabajaba mi centro hasta que logré un orgasmo arrasador, un grito lujurioso y liberador que solo yo pude oír. Quedé exhausta, tranquila, dormida hasta la mañana.

Ahora, en el autobús, el recuerdo era un fuego latente. Crucé las piernas, sintiendo el peso de la tela y el peligro de la mirada ajena, lo cual avivó la llama. Con el vaivén rítmico y mecánico del bus —un vibrador público—, cerré los ojos. Empecé a tensar los músculos internos, contrayendo mi vagina a conciencia, logrando un orgasmo exquisito. Sentí un torrente caliente entre mis muslos, pero mantuve las piernas juntas, la tela actuando como un dique. El autobús seguía, y yo seguía, sincronizada con el motor; un festival de placer silencioso y secreto.

Este ha sido uno de los viajes en bus más placenteros que he tenido.

lunes, 4 de julio de 2011

Vías sin rumbo



Vías sin rumbo, caminantes sin camino

que van de un lado a otro buscando su destino;

buscando el sentido de sus pasos,

pasos vacilantes que, aun así, te llevan hacia adelante.

 

Una ciudad sin salida que te muestra una herida;

esa que se hizo a sí misma en el momento

 en que no dejó a la gente transitar tranquila.

 

Tránsitos cortados, concertados por vías sin salida;

porque cada ruta te llevaba a un interminable

pasadizo que se convierte en laberinto.

Ese laberinto que te mostraba lo que no querías ver...

lo que no querías sentir.

 

Y hoy estás aquí, experimentando

ese sentimiento del que huías. Aquí,

 empapada de una ciudad llena de ruidos y de rencores,

te das cuenta de que la única salida a toda

esta maraña de callejuelas enredadas

es la luz que irradia de tu amor.

Porque solo tú y tu luz son los que pueden iluminar

estos obscuros caminos.

 

Caminos forjados como telas de araña,

 para atrapar y envolver a los caminantes

que solo buscan escapar de la realidad, del amor...

Porque el amor y la luz van unidos,

y estos laberintos solo atrapan a los que escapan;

 a los que en un minuto solo quisieron huir,

porque el miedo los paralizó

o porque el sufrimiento los despedazó.

 

Pero estamos de vuelta aquí,

por los caminos de la vida.

Esos senderos laberínticos que se nos

presentan de frente,

ante nuestros ojos,

para que nos demos cuenta de que,

a pesar de todo lo vivido, aún estamos aquí.

 

Y mientras sigamos por esta senda llamada vida,

seguirá existiendo la esperanza de tomar

el camino correcto: el que nos lleve a la paz,

el que nos lleve al amor y a la felicidad.


viernes, 1 de julio de 2011

Noche en Santiago

Tránsitos secretos, 

palabras nocturnas.

 Caminantes obscuros 

que se insinúan,  

mientras Santiago se mece 

a un ritmo distinto.

Mientras Santiago nos mece 

en la noche de nostalgia,

de soledad...

Noche de caminar.

Un paso delante, 

otro detrás,

con la mente divagando

hacia ningún rumbo...