lunes, 4 de julio de 2011

Vías sin rumbo



Vías sin rumbo, caminantes sin camino

que van de un lado a otro buscando su destino;

buscando el sentido de sus pasos,

pasos vacilantes que, aun así, te llevan hacia adelante.

 

Una ciudad sin salida que te muestra una herida;

esa que se hizo a sí misma en el momento

 en que no dejó a la gente transitar tranquila.

 

Tránsitos cortados, concertados por vías sin salida;

porque cada ruta te llevaba a un interminable

pasadizo que se convierte en laberinto.

Ese laberinto que te mostraba lo que no querías ver...

lo que no querías sentir.

 

Y hoy estás aquí, experimentando

ese sentimiento del que huías. Aquí,

 empapada de una ciudad llena de ruidos y de rencores,

te das cuenta de que la única salida a toda

esta maraña de callejuelas enredadas

es la luz que irradia de tu amor.

Porque solo tú y tu luz son los que pueden iluminar

estos obscuros caminos.

 

Caminos forjados como telas de araña,

 para atrapar y envolver a los caminantes

que solo buscan escapar de la realidad, del amor...

Porque el amor y la luz van unidos,

y estos laberintos solo atrapan a los que escapan;

 a los que en un minuto solo quisieron huir,

porque el miedo los paralizó

o porque el sufrimiento los despedazó.

 

Pero estamos de vuelta aquí,

por los caminos de la vida.

Esos senderos laberínticos que se nos

presentan de frente,

ante nuestros ojos,

para que nos demos cuenta de que,

a pesar de todo lo vivido, aún estamos aquí.

 

Y mientras sigamos por esta senda llamada vida,

seguirá existiendo la esperanza de tomar

el camino correcto: el que nos lleve a la paz,

el que nos lleve al amor y a la felicidad.


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