Caminos
imperecederos, caminantes eternos, vías sin sentido; siento mil cosas:
emociones sin rumbo, vidas sin fin.
Existen
senderos nebulosos que no me dejan pensar, que no me dejan respirar; y aquí
ando, por estas calles que me hacen estremecer y vacilar. Este camino es
enigmático: una senda mágica que me lleva por lugares que jamás creí conocer y
me llena de sensaciones que nunca imaginé sentir. Todo esto me hace
experimentar una mezcla de placer y pasión, pero también me entrega una cuota
de miedo hacia lo desconocido. Es un encantamiento que hace vibrar cada fibra
de mi ser, induciéndome al deseo de descubrir qué hay más adelante, en ese
horizonte aún obscuro.
Tengo
el deseo y la ilusión de que este recorrido me lleve hacia parajes que colmen
mi vida de amor y efusividad; que esa pasión utópica y onírica se transforme en
una realidad placentera. Quiero poder decir que esta carretera llamada vida no
solo me llenó de deleite, sino que me condujo al esplendor del delirio y la
lujuria, hasta quedar fatigada de tanto arrebato.
Este
es un largo camino que se debe recorrer con un compañero idóneo para que la
existencia se vuelva una aventura sin fin: exótica, placentera, como el sueño
más dulce e intenso que he tenido.
Y
esa senda que hoy tránsito, la recorro con pasión, con convicción y con la
tranquilidad que me da mi compañero de viaje. Ese compañero que encontré está
completamente empapado de mi ser, de mis deseos y de mis sentimientos; está
colmado de un amor que nos llena a los dos. Una vida que nos unió y nos hizo
uno solo. Una vida, un camino, un amor que hoy recorremos juntos; una senda que
nos guía, un amor que nos reencuentra, una vía que nos reúne, una pasión que
nos entrelaza. Una vida que nos unió y que jamás nos separará.
Caminos
imperecederos, amores eternos, vías que nos juntan, carreteras que nos llevan.
Un amor que se eterniza, esquinas que nos unen, una vida que nos juntó... un
amor que nos inmortalizó.

No hay comentarios:
Publicar un comentario