Solo fue un dulce delirio erótico,
un mapa de fuego
trazado sobre mi piel;
recorriste con tu
boca cada poro, cada relieve,
hasta que mi tez ardió bajo el rastro de tu lengua.
Sentí el asedio candente de tu boca,
me hizo erizar el cuerpo
con el instinto de una gata.
Grité al vacío mientras me habitabas;
tus dedos, náufragos en mi humedad,
desataron una marea incontenible.
Fue solo un sueño, un incendio imaginario,
pero al despertar, el deseo era un rastro húmedo,
una fiebre que todavía me recorre los muslos.
Cada caricia, cada beso,
cada roce húmedo quedó tatuado
en el silencio de mi alcoba;
son la chispa que
desata mi tormenta.
Enciendes el fuego que me habita,
y con solo soñarte, me tienes aquí,
clandestina,
deseando el peso de tu cuerpo.
Me haces volar sin alas,
solo con la memoria;
me haces estremecer en la penumbra.
ahora, solo deseo que el alba se detenga
y que mis sueños
por fin, aprendan a ser realidad…

