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jueves, 30 de abril de 2026

Deseo en la noche Obscura

Esta noche pienso en ti, y mi mano

baja suavemente por mi vientre,

cómo desearía que fueran tus manos las que me tocan,

pero no es así.

 

Son mis dedos los que se hunden en mi sexo húmedo,

que solo desean sentir tu calor, la calidez de tu piel;

necesito sentir tu cuerpo, necesito sentir tu sexo en mí...

 

Sentir tu cuerpo ardiente en el momento de la pasión,

mientras dure el deseo quiero sentir tu piel,

tus besos jugosos, tus caricias ardientes,

y cuando acabe el desenfreno,

quedarnos abrazados en nuestro lecho,

riendo y gozando de nuestra compañía.


miércoles, 29 de abril de 2026

El despertar de la escarcha


Estrellas que ayer dejaron de brillar,

sueños que dejaron de existir,

anhelos que se fueron con el correr

de los días,

esperanzas desvanecidas

con esta soledad gélida

llenas de historias truncadas

y corroídas por el moho

y la falta de luz.


Llena de obscuridad profunda

que cala hasta lo más profundo

apartando cualquier indicio

de luz, de verdad, de armonía,

de paz.


En este frío lleno de desasosiego

lleno de crueldad sin límites,

me encuentro aquí sola

pensando en ti.

Tratando de recordar

en que algún instante

mi vida era completamente diferente.


Evoco en mi mente

los últimos momentos

de felicidad que tuve

a tu lado,

y me cuesta tanto encontrarlos

que llegué a pensar que jamás

 nunca existieron.


Quizás mi alma se congeló

hace tanto tiempo que en

mis recuerdos no quedaron

siquiera registrados

ningún instante de lúcida tranquilidad,

aún no logro descubrir

si en algún momento fui feliz

estando contigo a tu lado.


¿Fue quizás una fantasía

creada por la ilusión y las ganas

locas que tenía de amarte

y de hacerte el hombre más feliz

que ha habido en el mundo?


Eso no lo sé, pero lo que sí

tengo muy en claro es que

en este instante estoy sin

esperanzas, sin ilusiones,

y no sé por qué razón

me siento en paz;

después de asumir que

no eres nada para mí,

me siento liberada

de una pasión que me tenía

cegada, presa de algo

que no me correspondía.


Ahora estoy libre,

estoy tranquila,

estoy volviendo a mí,

volviendo a ser yo,

siendo feliz,

sin nada, ni nadie

que me lastime 

o me haga sentir menos.


Habito por fin

mi propio centro,

donde el frío ya no quema,

y el silencio es, al fin,

mi hogar.

sábado, 18 de abril de 2026

El laberinto de la voluntad.

Las luces divagan como un ciclón psicodélico; esas luces que no me dejan ver nada más que la obscuridad que lo envuelve todo. A cada instante me recuerdan que las cosas siguen así: inmóviles, inertes, gélidas y llenas de memorias que, a veces, es mejor no recordar. Así, entre esta bruma espesa que sobrevive a la débil luz de lo inimaginable, continúa el día. Así, sin nada nuevo. ¿Qué se puede esperar? Frío, obscuridad, bruma... y quizá también un poco de ese delirio enloquecedor que te envuelve, tal como las alas de las mariposas, para llevarte volando hacia el horror. Te arrastra desde lo más profundo de la inmensidad hacia lo más brumoso y espeso de un bosque tenebroso, donde todo está ya plagado de bestias espantosas y despiadadas que jamás descansan. A cada instante, ellas te obligan a recordar el inmundo lugar en el que estás. Te preguntas una y mil veces cómo llegaste, buscas desesperadamente la salida, pero no existe. Quizás solo halles respuestas de cómo entraste y por qué lo hiciste; la respuesta amarga de que tú mismo creaste este sitio. Al final, tú mismo elegiste tu camino. Ahora, a cada segundo y a cada paso que das, ruegas desde lo más hondo de tu ser para que se te sea concedida la libertad; esa misma a la cual renunciaste en el momento en que elegiste seguir el sendero de lo infranqueable y lo irreconciliable. Y así transcurre cada paso y cada día: lleno de sombras y de lamentos que te recuerdan, sin piedad, que nunca más podrás ver el sol.

viernes, 17 de abril de 2026

El incendio que me consume.


    
El no verte me causa un dolor intenso que me carcome el alma en silencio. No te veo, no te oigo, no te siento, no te tengo; este dolor está envenenando mi mente y mi espíritu. Es un fuego que me quema, que me debilita, que no me deja pensar y hace que me duela hasta respirar.

 

    Tu ausencia, tu lejanía y tu indiferencia calan hondo en mí, como una saeta ardiente que solo aviva el incendio que me consume. Lo que más me hiere, sin duda alguna, es tu indiferencia. Quisiera gritarte que ya no puedo vivir sin ti; sin embargo, callo porque no quiero que sientas que te acoso o que te ahogo con mis palabras.

 

    ¿Cómo decirte que ya no puedo estar más sin ti, si tú no quieres oír nada? ¿Cómo expresar lo que siento sin parecer desesperada o una loca desaforada? ¿Cómo decir que te pienso a cada instante si no me dejas acercarme? Me duele esta situación: me duele el dolor, me duele el amor, me duele tu silencio y me duele el mío. Me duele amarte a escondidas, como si esto fuera un castigo o un pecado, sin poder gritarle al viento que lo que más deseo es ver tus dulces ojos cafés y perderme en ellos para encontrar la paz que mi alma en llamas clama.

jueves, 26 de marzo de 2026

Hechizo


Desde que tu mirada de fuego

Se cruzó con mi mirada

No he podido sacarte

De mis pensamientos.

 

¿Eres brujo? Me pregunto.

¿Acaso me lanzaste un hechizo

Con tu mirada ardiente?

¿Qué hechizo me lanzaste?

No entiendo, no me lo explico,

Que, en todos estos días,

Que parecen una eternidad,

Me queman y me tienen

Completamente desconcertada,

Desorientada y perdida.

 

Busco mi camino de retorno

Hacia mí misma,

Busco mi camino a

Mi tranquilidad.

Pero mientras tú no estés,

Mi paz seguirá perdida.

 

Solo encuentro mi camino

Cuando tú te cruzas otra vez

Con mi mirada ardiente.

 

Mientras no te encuentre,

Sigo aquí taciturna, perdida,

Sumida en la obscuridad

De una eterna noche sin luna.

domingo, 22 de febrero de 2026

El Profesor de Literatura


Iba caminando por el pasillo de la biblioteca y por el mismo pasillo venía mi profesor de literatura, nuestras manos se rozaron de manera accidental, pero al rozarlo sentí un temblor en todo mi cuerpo, nos miramos a los ojos y sonreímos, como si algo soterrado se escondiera entre los dos.

El señor Camus, mi profesor de literatura, un hombre mayor cuya edad se reflejaba en las finas líneas alrededor de los ojos, de azul profundo como el mar que despertaba toda mi curiosidad y tenía admiración por él que rozaba en lo prohibido.

Esa tarde en la biblioteca casi vacía, sumida en un silencio con polvorientos libros antiguos. Se me había caído un libro, me agache a recogerlo y él igual y su mano rozó mi palma, esta vez fue deliberadamente y una chispa se encendió entre nosotros. Levante la mirada y ahí nuestras miradas se cruzaron y hubo una descarga de electricidad silenciosa, con un destello crudo, apasionado, oculto tras su silueta de profesor respetable.

El deseo era mutuo y lo pude palpar cuando su mirada chocó con la mía, un instante mágico y dulce.

Señorita Sepúlveda me dijo con voz grave, susurrándome “Necesito hablar con usted sobre su trabajo que presentó esta mañana, ¿podría venir a mi despacho?” mi corazón estalló en llamas porque presentía que no era precisamente de mi ensayo de lo que él quería hablar, no pude pronunciar palabra alguna, solo asentí con la cabeza, mi garganta estaba demasiado seca para decir algo en ese instante.

Lo seguí por el pasillo angosto y silencioso de la biblioteca y llegamos a su oficina, pequeña con luz tenue con libros hasta el techo y una pequeña ventana que daba aun jardín interno, él la cerró y bajó las cortinas, quedo todo sombrío, con un aspecto más íntimo, le puso llave a la puerta que resonó la cerradura como un disparo al silencio, lleno todo el ambiente con una expectativa llena de deseo y lujuria que se podía palpar.

Se puso frente a mí, podía sentir el latido de su corazón, el cual latía aceleradamente, me miro de frente y sentí como su mirada me devoraba mi silueta y dijo con voz grave pero suave y pausadamente Señorita Sepúlveda su trabajo esta… bien en general, pero su voz era ya inaudible y se acerco un poco más a mi y ya no había distancia que se interpusiera entre nosotros, sentí su aroma a almizcle con una mezcla de papel y vainilla que lo  envolvía, mis ojos quedaron frente a los suyos, su mirada como saetas de fuego que fueron lanzadas incontrolables, ardientes que penetraban en mi mente y me hacían arder en ese fuego divino e incontrolable.

Me dijo “hay un tema que tengo que discutir con usted” y antes que terminará la frase sus manos ya estaban en mi cintura y me apretó fuerte contra su cuerpo y su boca se poso sobre la mía y me besó de forma deliciosa, un beso que borro todas las dudas que podían haber, sus labios expertos y su lengua exploraron cada centímetro de mi boca que estaba deseosa de sus besos, me dejó sin aliento y me aferré a él, lo abracé fuerte toando su chaqueta, la cual saqué y la tiré al suelo y sentí la tela de su camisa en mis dedos, mientras la pasión y el deseo reprimido estallaba en nosotros.

Nos besamos largamente con el deseo ferviente de que ese instante no acabara nunca.

Sus manos bajaron por mi espalda y con una gran habilidad sacó mi blusa la que cayó al suelo, mis sostenes de encaje al parecer lo dejaron hipnotizado y dijo:” Eres…exquisita” con su voz ronca, sus dedos sacaron mi sostén, lo olió antes de tirarlo por ahí, mis pechos quedaron al descubierto y él con una mirada de hambre los miraba.

Cuando su boca se apoderó de uno de mis pezones lance un gemido ahogado y silencioso que me hizo arquear la espalda, me lamía, me succionaba con una ferocidad arrolladora, ¡Guau! Mientras se comía mis pezones sentí en mi vientre su erección dura y caliente, era un hombre mayor pero su vigor era innegable, su fuerza, su pasión, su deseo que me hacía creer que el placer iba a ser devastador, me bajo el pantalón, los calzones, yo no opuse resistencia alguna, mis caderas se movieron hacia las suyas como un instinto natural “quiero sentirte en mi cariño” susurró y me sentó en su escritorio, mis piernas se abrieron y todos los libros que ahí había cayeron todos. Él se arrodillo ante mis piernas y me examino con su mirada toda mi entrepierna que estaba frente a él como un regalo divino, mientras me miraba me sentí tan erótica, tan sensual, sentir como miraba mi intimidad, su mirada inquisitiva, fue exquisita esa sensación de sentirme observada de esa forma, ahí metió su lengua dentro de mí y sentí una descarga eléctrica fantástica, sentir toda su boca en mi clítoris fue un deleite, sentí un torbellino de sensaciones mientras el me besaba con una expertiz de maestro en el arte del pacer; mientras él me lamía yo acariciaba suavemente sus cabellos plateados, el me poseía con su boca y me hacía gemir, y el placer aumentaba cada vez más y más ¡Por favor! Exclamé “No te detengas que quiero estallar de este placer divino”.

El se puso de pies, su erección palpitante esperando, no había nada que decir, el tomo un condón y me lo puso en mi mano, tomé su miembro, sentí su piel, su pulso vibrante y le puse el preservativo, luego guie su miembro con mis manos hacía mi entrada, cuando lo sentí entrando en mí di un gemido de placer, esa sensación de sentirme tosa suya, esa plenitud de placer abrumadora.

Al principio se movía lentamente, me hizo gemir con cada estocada que me daba con su pene ardiente, cada movimiento que hacía entraba más y más profundo en mí; nuestros latidos se aceleraron, se mezclaban mis alaridos de placer con sus gemidos guturales mientras me besaba el cuello, nos perdimos ahí en ese instante de pasión de entrega mutua. ¡guau! Que increíble el placer insospechado, no me esperaba esta fuente inagotable de goce, su cuerpo tan enérgico y fuerte, la edad aquí no importaba, ni se reflejaba. Me levantó, me puso de espalda a su librero, tomó mis caderas y comenzó a penetrarme de pie, mis piernas en su cintura, ¡que delicia! Todo era tan estimulante, sentir su olor mientras entraba en mí, se movía enérgicamente y yo ahí recibiendo cada estocada dentro mío. ¡sigue! ¡sigue! Gritaba, e sentía poseída, ardiente, estaba desgarrada de placer y gemía y jadeaba y gritaba cada vez más.

Él me apretó fuerte contra su cuerpo con una fuerza violenta y tuve un orgasmo que me hizo delirar, mi cuerpo convulsiono, estaba rendida ante él. Sentí su gemido cuando el acabó.

Mis piernas seguían entrelazadas en su cintura y no lo quise soltar aún, solo quería seguir sintiendo la calidez de su piel en la mía, de apoco nuestras respiraciones volvieron a calmarse y su cuerpo extraviado de placer se estremecía junto al mío. (se quito el preservativo y lo tiro a la basura).

Nos miramos fijamente a los ojos y yo le acariciaba su rostro de forma suave, nos dimos un beso embriagante de placer.

El respetable Señor Camus, un hombre serio que me había hecho enloquecer de placer y pasión; su mirada profunda con ese deseo desenfrenado me hacia estremecer, quede ahí perdida en el mar azul de su mirada intensa, era una locura prohibida, el fruto prohibido del cual ambos estábamos dispuestos a saborear una y otra vez.

 

miércoles, 11 de febrero de 2026

El incendio de tu tacto


​Me pregunto en el silencio de este deseo obscuro:

¿Cómo se sentirá el peso de tus manos sobre mi piel?

Ese roce masculino, firme y seguro,

dibujando en mi cuerpo la urgencia de tu sed.

​No tienes idea de cuánto te he soñado,

de cómo he recreado en mi mente cada caricia,

buscando el rastro de un roce imaginado

que calme, por fin, esta dulce injusticia.


​Solo deseo sentirte, poseerte en mi centro,

que seas tú quien apague este fuego inclemente;

que entres como un rayo en mis pensamientos

y devores el ansia que me quema la frente.

Cada vez que te miro, la sangre me hierve,

mis venas se funden en un cauce de lava,

y mientras mi piel ante tu sombra se rinde,

mi voluntad se quiebra, de tu fuego esclava.

​Eres la chispa, el combustible y la llama,

el dueño absoluto de toda mi pasión.


Y este volcán que en mi pecho proclama

solo encuentra en tus manos su redención.

​Ven a recorrer mi piel ardorosa,

que mi tacto te busca con hambre de ti;

apaga esta hoguera, febril y ansiosa,

y húndete en el caos que provocas en mí.