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lunes, 11 de mayo de 2026

Amor Platónico

 Este amor platónico, más que una agonía,

ha sido una bendición.

Si bien yo no quería amarte,

me enamoré de ti así, sin buscarlo

y sin quererlo.

 

De repente, tu mirada chocó con la mía

y me hiciste sentir algo que creí

que jamás volvería a habitarme.

Yo no quería sentir nada por nadie;

creí imposible recuperar esa emoción,

esa sensación maravillosa de  

mariposas en el estómago.

 

Ahora, cada vez que te veo, me siento

como una quinceañera que vuela

envuelta en fantasías de mundos mágicos,

lejanos y obscuros.

No te reprocho que no sientas lo mismo que yo;

solo agradezco al cielo volver a sentir

la vida dentro de mí.

 

Desearía que volaras conmigo

en este mundo de fantasía,

donde solo los enamorados pueden llegar.

Desearía sentirte en mi piel

y que este amor deje de ser un sueño

para volverse una realidad tangible.

 

Yo no quise enamorarme, solo sucedió:

tu mirada de fuego se adentró en mi alma

y hoy el amor late dentro de mí.

 

Quisiera gritarle al mundo que me enamoré,

gritarles a todos que vivo en un estado onírico.

 

Quisiera sentarme bajo la lluvia

y desear que cada gota fueran tus caricias,

hasta quedar, por fin, empapada de ti.

sábado, 2 de mayo de 2026

Ofrenda de Piel y Deseo

Recuerdo cuando recorría tu cuerpo desnudo, cálido, ardiente y suave, con mis manos que se perdían en cada recodo de tu ser. Aún puedo recordar tu suavidad, tu piel clara, casi transparente, y esos hilos de azul turquesa que se entrelazan. Parecía que no solo acariciaba tu piel, sino también el mapa de tus venas latiendo, encendidas al rojo vivo por el deseo; esa sangre caliente cuyo caudal podía sentir, bebiendo su calor con mis manos y mi lengua.

Cuando comenzaba a desnudarte estabas frío, con el rostro lívido, pero a medida que transcurrían los segundos te volvías más y más ardiente, apasionado, sensual y salvaje. Después de quitarte toda la ropa para seguir explorando tu cuerpo con mis manos atrevidas, continué el recorrido con mi lengua experta. Mi boca sentía el dulce y adictivo sabor de tu piel sedosa y salina. No hay cosa más placentera en este mundo que saborear tu piel y tu olor a almizcle; eres un hombre totalmente delicioso, exquisito, excitante. Tu aroma eleva mis sentidos al máximo y tu sabor en mi boca es un placer divino, majestuoso y alucinante.

Pasar mi lengua por tu espalda —robusta, suave y fuerte— y hacerte erizar como un gato es una dádiva de los dioses del Olimpo. Recorrer cada milímetro de tu piel es lo más sensual, delicado y salvaje que he realizado. Me sentía como si estuviera plasmando el deseo sobre tu cuerpo, haciendo de cada centímetro de tu piel un lienzo donde el placer cobra forma y explora las zonas más profundas; repasaba los detalles más íntimos y ardientes de mi obra con mi lengua encendida, trazando un camino de fuego. Tocar tu piel, suave como la seda china y adornada con pecas que parecían salpicaduras cálidas del deseo, me hace estremecer. Me gustaba bajar suavemente hasta tus muslos, besarme y perderme ahí, entre tus intimidades y en tu sexo expectante, bebiendo tu virilidad. Eso era algo grandioso: besarte, libarte, lamerte, succionarte todo.

Qué excitante era tener todo tu sexo palpitante, duro, suave y ardiente dentro de mi boca, mientras mis dedos exploraban tu zona posterior. Hacerte llegar al clímax dentro de mi boca y recibir todo el torrente de tu cuerpo, saborearlo y devorarte como una ofrenda sagrada, era lujurioso, obsceno y fascinante.

Quedó grabado en mi mente el rostro que proyectaba tu placer más absoluto. Ver esa expresión llena de éxtasis era maravilloso, ver cómo disfrutabas cada vez que estabas dentro de mi cuerpo, uniendo nuestro sudor y nuestro fuego en un solo ser. Una imagen cargada de sensualidad y erotismo salvaje, llena de locura y lascivia. Tu rostro era lo más excitante: ver y sentir cómo disfrutabas de nuestros encuentros me hacía sentir un placer enorme e indescriptible. Sentir tu cuerpo junto al mío, nuestras pieles frotándose y nuestros aromas fusionándose, me hacía sentir calidez. Como una gata buscando calor, deseando quedar impregnada en ti, me hacías sentir mujer, sin un límite que separara nuestros cuerpos, fundidos en uno solo.

Cómo quisiera que tu olor aún estuviera impregnado en mi piel, como un embrujo gitano que nadie pueda quitar, un rastro de sudor y deseo que se queda en el aire; sería una delicia.

Las huellas de tu piel siguen en la mía, y aún recuerdo nuestras eternas horas de pasión y lujuria. Esas horas obscenas que no volverán, pero el recuerdo de tu sexo palpitante y duro, caliente y vigoroso dentro de mí, no lo olvidaré jamás.

jueves, 30 de abril de 2026

Deseo en la noche Obscura

Esta noche pienso en ti, y mi mano

baja suavemente por mi vientre,

cómo desearía que fueran tus manos las que me tocan,

pero no es así.

 

Son mis dedos los que se hunden en mi sexo húmedo,

que solo desean sentir tu calor, la calidez de tu piel;

necesito sentir tu cuerpo, necesito sentir tu sexo en mí...

 

Sentir tu cuerpo ardiente en el momento de la pasión,

mientras dure el deseo quiero sentir tu piel,

tus besos jugosos, tus caricias ardientes,

y cuando acabe el desenfreno,

quedarnos abrazados en nuestro lecho,

riendo y gozando de nuestra compañía.


miércoles, 29 de abril de 2026

El despertar de la escarcha


Estrellas que ayer dejaron de brillar,

sueños que dejaron de existir,

anhelos que se fueron con el correr

de los días,

esperanzas desvanecidas

con esta soledad gélida

llenas de historias truncadas

y corroídas por el moho

y la falta de luz.


Llena de obscuridad profunda

que cala hasta lo más profundo

apartando cualquier indicio

de luz, de verdad, de armonía,

de paz.


En este frío lleno de desasosiego

lleno de crueldad sin límites,

me encuentro aquí sola

pensando en ti.

Tratando de recordar

en que algún instante

mi vida era completamente diferente.


Evoco en mi mente

los últimos momentos

de felicidad que tuve

a tu lado,

y me cuesta tanto encontrarlos

que llegué a pensar que jamás

 nunca existieron.


Quizás mi alma se congeló

hace tanto tiempo que en

mis recuerdos no quedaron

siquiera registrados

ningún instante de lúcida tranquilidad,

aún no logro descubrir

si en algún momento fui feliz

estando contigo a tu lado.


¿Fue quizás una fantasía

creada por la ilusión y las ganas

locas que tenía de amarte

y de hacerte el hombre más feliz

que ha habido en el mundo?


Eso no lo sé, pero lo que sí

tengo muy en claro es que

en este instante estoy sin

esperanzas, sin ilusiones,

y no sé por qué razón

me siento en paz;

después de asumir que

no eres nada para mí,

me siento liberada

de una pasión que me tenía

cegada, presa de algo

que no me correspondía.


Ahora estoy libre,

estoy tranquila,

estoy volviendo a mí,

volviendo a ser yo,

siendo feliz,

sin nada, ni nadie

que me lastime 

o me haga sentir menos.


Habito por fin

mi propio centro,

donde el frío ya no quema,

y el silencio es, al fin,

mi hogar.

sábado, 18 de abril de 2026

El laberinto de la voluntad.

Las luces divagan como un ciclón psicodélico; esas luces que no me dejan ver nada más que la obscuridad que lo envuelve todo. A cada instante me recuerdan que las cosas siguen así: inmóviles, inertes, gélidas y llenas de memorias que, a veces, es mejor no recordar. Así, entre esta bruma espesa que sobrevive a la débil luz de lo inimaginable, continúa el día. Así, sin nada nuevo. ¿Qué se puede esperar? Frío, obscuridad, bruma... y quizá también un poco de ese delirio enloquecedor que te envuelve, tal como las alas de las mariposas, para llevarte volando hacia el horror. Te arrastra desde lo más profundo de la inmensidad hacia lo más brumoso y espeso de un bosque tenebroso, donde todo está ya plagado de bestias espantosas y despiadadas que jamás descansan. A cada instante, ellas te obligan a recordar el inmundo lugar en el que estás. Te preguntas una y mil veces cómo llegaste, buscas desesperadamente la salida, pero no existe. Quizás solo halles respuestas de cómo entraste y por qué lo hiciste; la respuesta amarga de que tú mismo creaste este sitio. Al final, tú mismo elegiste tu camino. Ahora, a cada segundo y a cada paso que das, ruegas desde lo más hondo de tu ser para que se te sea concedida la libertad; esa misma a la cual renunciaste en el momento en que elegiste seguir el sendero de lo infranqueable y lo irreconciliable. Y así transcurre cada paso y cada día: lleno de sombras y de lamentos que te recuerdan, sin piedad, que nunca más podrás ver el sol.

viernes, 17 de abril de 2026

El incendio que me consume.


    
El no verte me causa un dolor intenso que me carcome el alma en silencio. No te veo, no te oigo, no te siento, no te tengo; este dolor está envenenando mi mente y mi espíritu. Es un fuego que me quema, que me debilita, que no me deja pensar y hace que me duela hasta respirar.

 

    Tu ausencia, tu lejanía y tu indiferencia calan hondo en mí, como una saeta ardiente que solo aviva el incendio que me consume. Lo que más me hiere, sin duda alguna, es tu indiferencia. Quisiera gritarte que ya no puedo vivir sin ti; sin embargo, callo porque no quiero que sientas que te acoso o que te ahogo con mis palabras.

 

    ¿Cómo decirte que ya no puedo estar más sin ti, si tú no quieres oír nada? ¿Cómo expresar lo que siento sin parecer desesperada o una loca desaforada? ¿Cómo decir que te pienso a cada instante si no me dejas acercarme? Me duele esta situación: me duele el dolor, me duele el amor, me duele tu silencio y me duele el mío. Me duele amarte a escondidas, como si esto fuera un castigo o un pecado, sin poder gritarle al viento que lo que más deseo es ver tus dulces ojos cafés y perderme en ellos para encontrar la paz que mi alma en llamas clama.

jueves, 26 de marzo de 2026

Hechizo


Desde que tu mirada de fuego

Se cruzó con mi mirada

No he podido sacarte

De mis pensamientos.

 

¿Eres brujo? Me pregunto.

¿Acaso me lanzaste un hechizo

Con tu mirada ardiente?

¿Qué hechizo me lanzaste?

No entiendo, no me lo explico,

Que, en todos estos días,

Que parecen una eternidad,

Me queman y me tienen

Completamente desconcertada,

Desorientada y perdida.

 

Busco mi camino de retorno

Hacia mí misma,

Busco mi camino a

Mi tranquilidad.

Pero mientras tú no estés,

Mi paz seguirá perdida.

 

Solo encuentro mi camino

Cuando tú te cruzas otra vez

Con mi mirada ardiente.

 

Mientras no te encuentre,

Sigo aquí taciturna, perdida,

Sumida en la obscuridad

De una eterna noche sin luna.