Relatos Y Bitacoras Eróticas
Este es un espacio ecléctico y feminista, nacido de la necesidad de nombrar lo que a veces se calla. Aquí se cruzan los senderos de mis ser: desde la precisión de un dato hasta la mística de un verso que nace en la penumbra.
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sábado, 18 de abril de 2026
El laberinto de la voluntad.
viernes, 17 de abril de 2026
El incendio que me consume.
El
no verte me causa un dolor intenso que me carcome el alma en silencio. No te
veo, no te oigo, no te siento, no te tengo; este dolor está envenenando mi
mente y mi espíritu. Es un fuego que me quema, que me debilita, que no me deja
pensar y hace que me duela hasta respirar.
Tu
ausencia, tu lejanía y tu indiferencia calan hondo en mí, como una saeta
ardiente que solo aviva el incendio que me consume. Lo que más me hiere, sin
duda alguna, es tu indiferencia. Quisiera gritarte que ya no puedo vivir sin
ti; sin embargo, callo porque no quiero que sientas que te acoso o que te ahogo
con mis palabras.
¿Cómo decirte que ya no puedo estar más sin ti, si tú no quieres oír nada? ¿Cómo expresar lo que siento sin parecer desesperada o una loca desaforada? ¿Cómo decir que te pienso a cada instante si no me dejas acercarme? Me duele esta situación: me duele el dolor, me duele el amor, me duele tu silencio y me duele el mío. Me duele amarte a escondidas, como si esto fuera un castigo o un pecado, sin poder gritarle al viento que lo que más deseo es ver tus dulces ojos cafés y perderme en ellos para encontrar la paz que mi alma en llamas clama.
jueves, 26 de marzo de 2026
Hechizo
Desde
que tu mirada de fuego
Se
cruzó con mi mirada
No
he podido sacarte
De
mis pensamientos.
¿Eres
brujo? Me pregunto.
Con
tu mirada ardiente?
¿Qué
hechizo me lanzaste?
No
entiendo, no me lo explico,
Que,
en todos estos días,
Que
parecen una eternidad,
Me
queman y me tienen
Completamente
desconcertada,
Desorientada
y perdida.
Busco
mi camino de retorno
Hacia
mí misma,
Busco
mi camino a
Mi
tranquilidad.
Pero
mientras tú no estés,
Mi
paz seguirá perdida.
Solo
encuentro mi camino
Cuando
tú te cruzas otra vez
Con
mi mirada ardiente.
Mientras
no te encuentre,
Sigo
aquí taciturna, perdida,
Sumida
en la obscuridad
De
una eterna noche sin luna.
domingo, 22 de febrero de 2026
El Profesor de Literatura
Iba caminando por el pasillo de la
biblioteca y por el mismo pasillo venía mi profesor de literatura, nuestras
manos se rozaron de manera accidental, pero al rozarlo sentí un temblor en todo
mi cuerpo, nos miramos a los ojos y sonreímos, como si algo soterrado se
escondiera entre los dos.
El señor Camus, mi profesor de literatura,
un hombre mayor cuya edad se reflejaba en las finas líneas alrededor de los ojos,
de azul profundo como el mar que despertaba toda mi curiosidad y tenía
admiración por él que rozaba en lo prohibido.
Esa tarde en la biblioteca casi vacía, sumida en un silencio con polvorientos libros antiguos. Se me había caído un libro, me agache a recogerlo y él igual y su mano rozó mi palma, esta vez fue deliberadamente y una chispa se encendió entre nosotros. Levante la mirada y ahí nuestras miradas se cruzaron y hubo una descarga de electricidad silenciosa, con un destello crudo, apasionado, oculto tras su silueta de profesor respetable.
El deseo era mutuo y lo pude palpar cuando
su mirada chocó con la mía, un instante mágico y dulce.
Señorita Sepúlveda me dijo con voz grave, susurrándome
“Necesito hablar con usted sobre su trabajo que presentó esta mañana,
¿podría venir a mi despacho?” mi corazón estalló en llamas porque presentía
que no era precisamente de mi ensayo de lo que él quería hablar, no pude
pronunciar palabra alguna, solo asentí con la cabeza, mi garganta estaba
demasiado seca para decir algo en ese instante.
Lo seguí por el pasillo angosto y
silencioso de la biblioteca y llegamos a su oficina, pequeña con luz tenue con
libros hasta el techo y una pequeña ventana que daba aun jardín interno, él la
cerró y bajó las cortinas, quedo todo sombrío, con un aspecto más íntimo, le
puso llave a la puerta que resonó la cerradura como un disparo al silencio,
lleno todo el ambiente con una expectativa llena de deseo y lujuria que se
podía palpar.
Se puso frente a mí, podía sentir el latido
de su corazón, el cual latía aceleradamente, me miro de frente y sentí como su
mirada me devoraba mi silueta y dijo con voz grave pero suave y pausadamente
Señorita Sepúlveda su trabajo esta… bien en general, pero su voz era ya inaudible
y se acerco un poco más a mi y ya no había distancia que se interpusiera entre
nosotros, sentí su aroma a almizcle con una mezcla de papel y vainilla que lo envolvía, mis ojos quedaron frente a los
suyos, su mirada como saetas de fuego que fueron lanzadas incontrolables, ardientes
que penetraban en mi mente y me hacían arder en ese fuego divino e
incontrolable.
Me dijo “hay un tema que tengo que discutir
con usted” y antes que terminará la frase sus manos ya estaban en mi cintura y
me apretó fuerte contra su cuerpo y su boca se poso sobre la mía y me besó de
forma deliciosa, un beso que borro todas las dudas que podían haber, sus labios
expertos y su lengua exploraron cada centímetro de mi boca que estaba deseosa
de sus besos, me dejó sin aliento y me aferré a él, lo abracé fuerte toando su
chaqueta, la cual saqué y la tiré al suelo y sentí la tela de su camisa en mis
dedos, mientras la pasión y el deseo reprimido estallaba en nosotros.
Nos besamos largamente con el deseo
ferviente de que ese instante no acabara nunca.
Sus manos bajaron por mi espalda y con una
gran habilidad sacó mi blusa la que cayó al suelo, mis sostenes de encaje al
parecer lo dejaron hipnotizado y dijo:” Eres…exquisita” con su voz
ronca, sus dedos sacaron mi sostén, lo olió antes de tirarlo por ahí, mis
pechos quedaron al descubierto y él con una mirada de hambre los miraba.
Cuando su boca se apoderó de uno de mis pezones
lance un gemido ahogado y silencioso que me hizo arquear la espalda, me lamía,
me succionaba con una ferocidad arrolladora, ¡Guau! Mientras se comía mis
pezones sentí en mi vientre su erección dura y caliente, era un hombre mayor
pero su vigor era innegable, su fuerza, su pasión, su deseo que me hacía creer que
el placer iba a ser devastador, me bajo el pantalón, los calzones, yo no opuse resistencia
alguna, mis caderas se movieron hacia las suyas como un instinto natural “quiero
sentirte en mi cariño” susurró y me sentó en su escritorio, mis piernas se
abrieron y todos los libros que ahí había cayeron todos. Él se arrodillo ante
mis piernas y me examino con su mirada toda mi entrepierna que estaba frente a
él como un regalo divino, mientras me miraba me sentí tan erótica, tan sensual,
sentir como miraba mi intimidad, su mirada inquisitiva, fue exquisita esa sensación
de sentirme observada de esa forma, ahí metió su lengua dentro de mí y sentí
una descarga eléctrica fantástica, sentir toda su boca en mi clítoris fue un deleite,
sentí un torbellino de sensaciones mientras el me besaba con una expertiz de
maestro en el arte del pacer; mientras él me lamía yo acariciaba suavemente sus
cabellos plateados, el me poseía con su boca y me hacía gemir, y el placer aumentaba
cada vez más y más ¡Por favor! Exclamé “No te detengas que quiero estallar de
este placer divino”.
El se puso de pies, su erección palpitante
esperando, no había nada que decir, el tomo un condón y me lo puso en mi mano, tomé
su miembro, sentí su piel, su pulso vibrante y le puse el preservativo, luego
guie su miembro con mis manos hacía mi entrada, cuando lo sentí entrando en mí di
un gemido de placer, esa sensación de sentirme tosa suya, esa plenitud de placer
abrumadora.
Al principio se movía lentamente, me hizo
gemir con cada estocada que me daba con su pene ardiente, cada movimiento que hacía
entraba más y más profundo en mí; nuestros latidos se aceleraron, se mezclaban
mis alaridos de placer con sus gemidos guturales mientras me besaba el cuello,
nos perdimos ahí en ese instante de pasión de entrega mutua. ¡guau! Que increíble
el placer insospechado, no me esperaba esta fuente inagotable de goce, su
cuerpo tan enérgico y fuerte, la edad aquí no importaba, ni se reflejaba. Me levantó,
me puso de espalda a su librero, tomó mis caderas y comenzó a penetrarme de pie,
mis piernas en su cintura, ¡que delicia! Todo era tan estimulante,
sentir su olor mientras entraba en mí, se movía enérgicamente y yo ahí
recibiendo cada estocada dentro mío. ¡sigue! ¡sigue! Gritaba, e sentía
poseída, ardiente, estaba desgarrada de placer y gemía y jadeaba y gritaba cada
vez más.
Él me apretó fuerte contra su cuerpo con
una fuerza violenta y tuve un orgasmo que me hizo delirar, mi cuerpo convulsiono,
estaba rendida ante él. Sentí su gemido cuando el acabó.
Mis piernas seguían entrelazadas en su
cintura y no lo quise soltar aún, solo quería seguir sintiendo la calidez de su
piel en la mía, de apoco nuestras respiraciones volvieron a calmarse y su
cuerpo extraviado de placer se estremecía junto al mío. (se quito el preservativo
y lo tiro a la basura).
Nos miramos fijamente a los ojos y yo le
acariciaba su rostro de forma suave, nos dimos un beso embriagante de placer.
El respetable Señor Camus, un hombre serio que me había hecho enloquecer de placer y pasión; su mirada profunda con ese deseo desenfrenado me hacia estremecer, quede ahí perdida en el mar azul de su mirada intensa, era una locura prohibida, el fruto prohibido del cual ambos estábamos dispuestos a saborear una y otra vez.
miércoles, 11 de febrero de 2026
El incendio de tu tacto
Me pregunto en el silencio de este deseo obscuro:
¿Cómo se sentirá el peso de tus manos sobre mi piel?
Ese roce masculino, firme y seguro,
dibujando en mi cuerpo la urgencia de tu sed.
No tienes idea de cuánto te he soñado,
de cómo he recreado en mi mente cada caricia,
buscando el rastro de un roce imaginado
que calme, por fin, esta dulce injusticia.
Solo deseo sentirte, poseerte en mi centro,
que seas tú quien apague este fuego inclemente;
que entres como un rayo en mis pensamientos
y devores el ansia que me quema la frente.
Cada vez que te miro, la sangre me hierve,
mis venas se funden en un cauce de lava,
y mientras mi piel ante tu sombra se rinde,
mi voluntad se quiebra, de tu fuego esclava.
Eres la chispa, el combustible y la llama,
el dueño absoluto de toda mi pasión.
Y este volcán que en mi pecho proclama
solo encuentra en tus manos su redención.
Ven a recorrer mi piel ardorosa,
que mi tacto te busca con hambre de ti;
apaga esta hoguera, febril y ansiosa,
y húndete en el caos que provocas en mí.
miércoles, 14 de enero de 2026
Embrujo de Amor
¿Cómo me enamoré de ti?
¿Cómo me enamoré
de ti, si
fue solo una
mirada directo a mis ojos?
Estaba perdida,
sin rumbo,
y de repente tu
luz con su fulgor iluminó toda
mi existencia.
Me enamoré sin
darme cuenta
de lo que sucedía.
Solo entré en esa
burbuja de luz
que construiste
para mí,
llena de cosas
maravillosas,
grandiosas,
deliciosas;
con tu mirada
hiciste magia
y llenaste de
color y pasión
mi realidad antes
gris.
Me enamoraste, me
embrujaste,
y yo caí en tu
dulzura
y en el destello
rutilante de tu luz de estrellas.
Eres dulce como el
dátil de Palestina.
Eres luz, como la luna que baña el mar de
Gaza.
Cuando me di
cuenta de todo,
ya estaba
enamorada de ti,
¡oh, amor mío!
Tú das sentido a
mi existencia,
que antes de ti
estaba obscura
y vacía, como el
desierto sin su oasis.
Lo único que deseo
ahora
es que nos
embriaguemos de amor
y de pasión; deseo
sentirte en mi alma,
feliz y tranquilo.
Quiero que en mi
regazo encuentres
esa paz y calma
que necesita tu alma
cansada, agotada
de los caminos
duros de esta
vida.
Quiero que en mi
regazo
descansen todos
tus sueños y anhelos,
y que juntos
podamos disfrutar de las delicias
de este amor dulce
y luminoso.
Quiero que todos
los rumbos
por los que nos
lleve esta vida estén llenos de amor,
ternura y pasión
desbordada.
Deseo que este
amor sempiterno
siempre nos reúna
en todas
las vidas que nos
toquen vivir.
Porque una sola
vida
es muy poco tiempo
para amarte,
¡oh, amor mío!
¡Un amor así no se
puede agotar en una sola vida!
En todas las
existencias que me toquen,
te buscaré para
amarte
por siempre y para
siempre.
sábado, 10 de enero de 2026
La Tarde en el Farol Azul
Aquella tarde fría llegamos al motel, ese que está entremedio de calles laberínticas, todas escondidas y llenas de historias ocultas, de pasión, de fuego y lujuria. Decidimos entrar al que estaba al fondo, al lado izquierdo, donde brillaba un farol azul. Se llamaba justamente así: "El Farol Azul". Tenía una atmósfera cargada de erotismo, con símbolos orientales y tántricos que llamaban a los amantes a encender su fuego.
Esperamos en un rincón de la salita hasta que nuestra habitación estuvo lista. Mientras permanecíamos en ese cubículo de dos metros por dos, nos miramos fijamente a los ojos; nos besamos con la pasión y el deseo al máximo. Nuestras manos recorrían la piel, que estaba expectante a las caricias, hasta alcanzar nuestras zonas más sensibles y húmedas.
Seguimos besándonos hasta que llegó la mucama y nos condujo por un pasillo iluminado con pequeñas lamparitas en forma de flor. Caminamos hasta la habitación de la derecha; era un espacio de colores claros con un diseño exótico caribeño, figuras de palmeras y hamacas sobre un fondo de puesta de sol. Tenía una iluminación tenue, era amplia y con una temática entretenida.
Nos quedamos frente a frente. Pusiste música de darbukas y, al ritmo de la percusión, comencé a desabrochar los botones de mi blusa, uno a uno, de abajo hacia arriba. Mientras te recostabas en la cama, me mirabas extasiado, viéndome bailar. Terminé de quitarme la blusa y seguí moviéndome al ritmo árabe; lentamente me desprendí de la falda. Al compás de la música, quedé solo en ropa interior de encaje negro y medias del mismo color. Me hinqué sobre ti, dejando mi pecho frente a tus ojos, y seguí moviéndome suave y sensualmente.
Con tus manos temblorosas, lograste por fin desabrochar mis sostenes mientras acariciabas mi espalda y mi cintura. Me miraste a los ojos y me diste un beso cargado de lujuria. Tus manos recorrieron mis pechos como un tesoro recién descubierto y bajaste la mirada para contemplarlos. Acariciaste mis pezones de forma metódica y posaste tus labios sobre ellos. Los lamías con tu lengua, que ardía como el fuego; los rodeabas suavemente, haciéndome estremecer completa.
Al sentir tu lengua en mis pezones, una descarga de energía me sacudió; fue una sensación electrizante. Cuando tus labios rodearon mis pechos por completo, el éxtasis fue total; sentir tu boca me hacía palpitar y vibrar.
Te quité la camisa de forma versada. Al descubrir tu torso desnudo, sentí tu piel suave y ardiente. Tú me quitaste, una a una, las medias mientras lamías mis piernas. Fue una sensación alucinante sentir tus labios en mi piel. Me dejaste solo con la tanguita puesta mientras te concentrabas en lamer cada milímetro de mi cuerpo. ¡Qué ardor más placentero! Comencé a gemir cuando tu lengua recorrió mi espalda y subió hacia mi cuello. Sentí un escalofrío recorrer toda mi espina dorsal. Qué placer, qué locura, qué delicia eran tus lamidas.
Me di vuelta y te besé con frenesí mientras te quitaba los pantalones. Te tiré a la cama de espaldas y comencé a lamer tu cuerpo, empezando por la curva de tu cuello. El aroma de tu piel me golpeó de forma salvaje; reconocí de inmediato el perfume L'Eau d'Issey, de Issey Miyake, el que te regalé para tu cumpleaños. Mi lengua no quería detenerse en esa labor de adoración: bajé por tu pecho, saboreándote, hasta llegar a tu ombligo. Regresé por tus costillas, subí a tus hombros y me perdí en tus brazos hasta llegar a tus manos. Besé cada uno de tus dedos y los introduje en mi boca, imaginando que no eran precisamente tus dedos lo que tenía allí.
Ese pensamiento me hizo enloquecer. Con una urgencia inusitada, me puse encima de ti. Froté mi cuerpo contra el tuyo y me mecí; el fuego crecía dentro de mí. Te quité la ropa interior y quedaste completamente desnudo. Con avidez feroz, besé y lamí tu miembro erecto, palpitante y tenso, como en un acto de devoción. Estaba tan excitada... pero en un movimiento rápido, giré y puse mi vulva sobre tu boca para que me comieras entera. Cuando tu lengua entró en mí, sentí una descarga eléctrica, di un grito desesperado y me retorcí en un orgasmo intenso.
Tuve que esperar unos instantes para continuar, pero aquel orgasmo solo aumentó mi hambre por tu falo. Volví a entregarme a él mientras tú seguías penetrándome con tu lengua de fuego. Ya no podía más de éxtasis. Me repuse unos segundos, te besé con furia y me subí sobre ti. Sentí cómo entrabas por completo: duro, ardiente, suave. Solo con sentirte dentro tuve otro orgasmo delicioso. Comencé a apretarte practicando pompoir, moviéndome al ritmo de las darbukas que sonaban cada vez más fuerte. La imagen de tu rostro, con una expresión de placer infinito, hacía que mi incendio interno fuera incontrolable. Tuve un orgasmo tras otro hasta quedar exhausta practicando la kabazza.
Me bajé de ti y te pedí que me hicieras acabar otra vez con tu boca. Estaba sedienta. Tú me complaciste de inmediato, saboreando mi néctar. El roce de tus labios en mi clítoris me hizo estallar; cada lamida era una ola en un tsunami de orgasmos que me inundó por completo. Bebiste de mí con avidez hasta saciarte.
Cuando por fin te alejaste, estabas mojado y brillante, una mezcla de sudor y de mi propio placer. Me tomaste con fuerza, me diste la vuelta hacia la pared y entraste en mi cuerpo con toda tu lujuria. Las embestidas eran potentes y electrizantes; mis gritos se convirtieron en aullidos incontrolables. El gemido de liberación final ocurrió cuando los dos, al unísono, llegamos al clímax de forma majestuosa. Tu cuerpo se desplomó sobre el mío y nos quedamos fundidos, piel con piel, mientras nuestras respiraciones se calmaban.
Cuando nuestros corazones volvieron a su ritmo, nos fundimos en un beso de adoración mutua. Las palabras sobraban. Tu olor quedó impregnado en mí y mi Volupté, de Oscar de la Renta, en ti. Nuestros aromas y almas estaban entrelazados. Fue el cierre perfecto.
Esa tarde pasó
rápido. Nos quedamos dormidos y, a la medianoche, despertamos para ir a la
ducha. Allí, me hinqué y te hice una felación hasta que acabaste en mi boca; me
tragué ese elixir como una ofrenda mientras me mirabas en éxtasis. Al salir,
nos vestimos y caminamos por los callejones obscuros, besándonos en cada
esquina como si no hubiera un mañana.





