jueves, 24 de octubre de 2013

Mermelada de Naranjas



Esta Mermelada  es una de esas que le gusta mucho a Bilbo para tomar uno de sus desayunos, además sirve para aderezar carne para asados y pavos. Bueno el saca sus naranjas de su propio naranjo ese que cuidan los Gamyi … si tú no tienes  tu propio naranjo deberás comprar tus naranjas en la feria. Que te quede tan rica como la de Bilbo.

Ingredientes: Para 4 frascos medianos

·         6 naranjas
·         6 tazas de agua
·         6 tazas de azúcar granulada
·         pizca de sal

Preparación:

·         1 Lavar y secar las naranjas. Cortar por la mitad y exprimir el jugo. Separar y guardar las pepas. Sacar con una cuchara la comida de la naranja, luego cortar las cáscaras con un cuchillo en hilos finos. Colocar las pepas en un pañuelo limpio y con pitilla amarrar muy firma formando un saquito.

·         2. En una olla de fondo grueso colocar el jugo de naranjas, las cáscaras, el agua, el saquito con las pepas y la pizca de sal. Cocinar a fuego medio-alto hasta que suelte el hervor, bajar el fuego para que siga hirviendo suavemente por 30 minutos.

·         3. Agregar el azúcar revolver y dejar que suelte el hervor nuevamente, bajar el fuego y dejar hervir suavemente hasta que esté a punto, una hora o un poco más.

·         4. Para probar, pongan un plato en el congelador, coloquen un poco de mermelada en el centro y esperen 2 minutos, muevan el plato, no debe correr y al moverla con el dedo, debe formar arrugas.

·         5. Apagar el fuego y envasar al vacío o refrigerar o congelar hasta usar

martes, 22 de octubre de 2013

El Mito




“El mito es una visión de mundo englobadora, una cosmovisión compartida por un pueblo que otorga unidad y cohesión social. Es un discurso explicativo del mundo, impone una normativa severa en todos los ámbitos, regula y limita la acción individual.”


J.R.R. Tolkien; Cartas.

miércoles, 11 de septiembre de 2013

Una estrofa elfica muy conocida


 
Tres anillos  para los Reyes  Elfos bajo el cielo.

Siete para los señores Enanos en casas de piedra.

Nueve para los hombres Mortales condenados a morir.

Uno para el Señor Oscuros, sobre el trono oscuro

En la tierra de Mordor donde se extienden  las sombras.

Un anillo para gobernarlos a todos. Un anillo para encontrarlos,

Un anillo para atraerlos a todos y atarlos en las tinieblas

En las Tierra de Mordor donde se extienden las sombras.

 

 

El señor de los anillos, La comunidad del anillo, Página 7

Ensalada de zanahoria a la Rivendel

Esta ensalada es típica de los elfos, ya que a ellos les gustan los vegetales, esta receta la aprendió el mismo Bilbo una de las tantas veces que estuvo en Rivendel con el señor Elrond.

 
Ingredientes
 
·         1 k 250 grs. de zanahorias
·         3 naranjas
·         1 diente de ajo
·         1 cucharadita de comino
·         1 cucharadita de canela
·         3 cucharadas de aceite de oliva
·         Jugo de limón.
 
Preparación : 30 minutos
Cocción        : 10 minutos

Ingredientes: 6 personas
Preparación:

1.     Pelar y lavar las zanahorias en agua fría.

2.    Cortarlas en rodajas muy finas (0.5 cm)

3.    Pelar las naranjas, separar los gajos y sacarles la piel blanca.

4.    En una cacerola con 5 tazas de agua.

5.    Cocinar el ajo, las zanahorias la canela y el comino.

6.    Cocinar  5 minutos a fuego medio alto y otros 6 minutos a fuego medio bajo.

7.    Dejar  enfriar.

8.    Disponer en los bordes de las copas los gajos de naranjas y en el centro colocar las zanahorias.

9.    Salpimentar.

10. Aliñar con jugo de limón y aceite de oliva.

11.  Servir frío.

Consejo:

·         Espolvorear con perejil fresco picado fino.

·         Este plato se puede acompañar con pollo al curry.

jueves, 22 de agosto de 2013

La Consulta Médica

    Cerca del mediodía, el teléfono vibró en mi escritorio. Era él: mi ginecólogo. Nos habíamos conocido por azar en un café de Providencia; un hombre guapo, de esos que exudan una sensualidad natural que te hace enganchar al instante. Me llamaba para decirme que terminaría su jornada a las 19:00 y que quería darme una cita privada, fuera de su horario habitual.

—Allí estaré —respondí, sintiendo un cosquilleo inmediato.

Pasé la tarde con una anticipación eléctrica. Para la ocasión, elegí un pantalón entallado, tacones altos y una blusa verde que resaltaba mi piel, pero el verdadero secreto iba debajo: lencería negra, sugerente, con medias de liga que abrazaban mis muslos.

Al salir de la oficina, tomé un taxi hacia Providencia. Aproveché el trayecto para retocar mi labial y rociarme con mi fragancia dulce favorita, dejando que el aroma me envolviera. Antes de llegar, compré un paquete de galletas en forma de corazón, un pequeño detalle para el juego que estaba por comenzar.

Toqué el timbre de la consulta. Cuando él abrió, me encontró allí con una mirada cargada de intención y una galleta entre los labios. Sin decir palabra, lo miré a esos ojos verdes hipnóticos y, con un beso audaz, le pasé la galleta a su boca. La pasión estalló al instante. Cerramos la puerta con llave y entramos en su privado, dejando el mundo exterior atrás.

Él se sentó en su sillón de cuero y yo, poseída por una urgencia deliciosa, le bajé los pantalones de un tirón. Me arrodillé a sus pies, entregada a la tarea de adorar su sexo. Sentir su miembro erecto y fuerte dentro de mi boca, mientras esperaba el momento de saborear su elixir, era simplemente exquisito.

Mientras lo complacía, él me tomó del cabello con firmeza, guiando mi ritmo. La temperatura de la habitación subió de golpe. Entre caricias urgentes, me despojó de la ropa y me guio hacia la camilla ginecológica. Hay que reconocerlo: esas camillas son el escenario perfecto para el placer; la posición en la que te dejan es de una vulnerabilidad excitante

Acomodó mis piernas a cada lado, exponiéndome por completo ante su mirada profesional convertida en puro deseo. Comenzó a jugar con mi clítoris antes de penetrarme con su lengua. Fue una descarga eléctrica. Me hizo estallar en un orgasmo frenético, gritando de locura mientras su lengua trabajaba con una precisión quirúrgica.

Sin darme respiro, se montó sobre mí. Sentir cómo su pene entraba en mi cuerpo fue una sensación de plenitud absoluta. Se movía con un ritmo suave, casi hipnótico, mientras yo gemía su nombre una y otra vez. Sus manos buscaban mis pechos, acariciando mis pezones endurecidos, provocando escalofríos que recorrían toda mi columna. Tener toda su humanidad fundida con la mía, su calidez y su suavidad, era un deleite que me hacía enloquecer.

Pero yo quería más. Necesitaba el control. —Bájate... quiero estar arriba —le pedí con la respiración entrecortada.

Me puse sobre él, cabalgando con movimientos de cadera armoniosos y profundos, sintiendo cómo cada embestida me acercaba a un nuevo orgasmo candente. Cuando estallé de nuevo, me deslicé hacia abajo para volver a saborearlo.

Lo lamí y lo succioné con una devoción casi religiosa, recorriendo su miembro erecto con la punta de la lengua. En medio de ese frenesí, sentí la inyección de su semen, viscoso y ardiente, directo en mi lengua. Fue una explosión de calor. Me lo bebí todo, disfrutando de cada gota de su esencia mientras él soltaba un grito intenso de liberación. El sabor, el calor, la entrega total... fue fantástico.

Nos quedamos un largo rato allí, desnudos sobre la camilla, besándonos mientras el pulso regresaba a la normalidad. Finalmente, nos vestimos en silencio, compartiendo sonrisas cómplices. Antes de salir, lo miré con picardía y le susurré:

—Doctor, muy pronto tendré que pedir otra hora para que me repita el mismo tratamiento.

miércoles, 21 de agosto de 2013

Una Noche Obscura


En la fría noche de un fin de semana descubrí tu gran calidez; en la oscura soledad encontré tu luz y tu reflejo.  En un día nublado encontré consuelo en tu compañía, y tú compañía logro que las nubes  se alejen  de mi lado, esa densa capa de neblina  ya me estaba  dejando sin consuelo cada día, cada día estaba envuelta en ella como en una tela de araña, atrapada, amarrada sin salida, y de repente apareciste y encontré el pase hacia la libertad, hacia la libertad  de mi ser interior y ahí pude escapar a la luz y conocí como brillaba el sol, saber cómo es vivir en la luz del calor y la belleza.

Y ahora de nuevo volví al invierno, a la neblina, al frio, a la soledad de una tarde fría que nada logra entibiar estas paredes gélidas, roídas por el gris que envuelve las piedras de esta inmensa fortaleza, que de un momento a otro se desplomará, caerá y el derrumbe será tan inmenso que mi alma se hará mil pedazos y no podrá sobrevivir a tanto desastre.

martes, 20 de agosto de 2013

La gira de estudios.


Era el año 1999 y cursábamos 4° medio. Empezaban a pasar muchas cosas: era el último año y debíamos preocuparnos de la práctica profesional, la graduación y el viaje de estudios. Nos dispusimos a preparar el viaje y lo primero era juntar el dinero. Decidimos comenzar a trabajar, pero antes había que elegir a la directiva del curso.

Ahí surgió el primer gran obstáculo para nuestra ansiada meta. Obviamente, en un curso de 45 alumnas no todas se llevaban bien; es más, era todo lo contrario. Quizá esto explica por qué había dos grupos dominantes y muy bien definidos. En la elección de presidenta hubo cinco candidatas y se produjo un empate entre dos de ellas. Fuimos a un balotaje y, para sorpresa de todas, volvieron a obtener la misma cantidad de votos. Como cada una representaba a su grupo, se decidió unánimemente, junto con nuestro profesor jefe, tener dos presidentas, una tesorera, una secretaria y una delegada.

Este fue el comienzo de un sinfín de enfrentamientos que se sucedieron de una forma muy particular.

 

El primer éxito: Royal Club

Después de la elección, junto con nuestro profesor Francisco, decidimos hacer fiestas comerciales para recaudar fondos. La misión era buscar un lugar apropiado para la primera de ellas. Durante los días siguientes recorrimos pubs, discoteques y bares, estudiando precios para arrendar un local que se ajustara a nuestro presupuesto, el cual no era muy abultado; más bien, era un poco escuálido.

En la calle 18 encontramos un local llamado “Royal Club”, donde iban principalmente chicos jóvenes de carrete. Se acercaba a nuestro presupuesto, así que lo arrendamos. La fiesta se programó para la quincena de abril, suponiendo que era una fecha en la que la gente tenía plata. Todas nos preparamos de la mejor forma.

 

El comentario obligado del curso era “la fiesta”. Hicimos volantes de propaganda y los pegamos en varios quioscos invitando a todo el mundo al carrete. Llegado el día, me fui con mis dos mejores amigas, la Marcia y la Patty. Cuando llegamos ya estaba nuestro profesor con su esposa, un par de compañeras y un grupo pequeño de gente. No nos preocupamos, ya que era temprano y la noche recién comenzaba.

Al rato empezó a llegar la gente y el local se llenó. Al parecer, las expectativas se estaban cumpliendo. Nos tranquilizamos: todo salía a las mil maravillas y sería un éxito total. Terminamos a eso de las cinco de la madrugada del sábado y acordamos entregar las cuentas finales el lunes siguiente en clases.

Como nosotras fuimos las encargadas de la administración y producción, nuestro grupo mostró gran capacidad de trabajo y coordinación. Tuvimos un muy buen resultado: las ganancias superaron el 50% de lo invertido. Estábamos muy contentas. El dinero se depositó en la cuenta bancaria que habíamos abierto el año anterior.

 

El desastre del segundo grupo

Se dispuso entonces realizar otra fiesta, pero esta vez organizada por el otro grupo, nuestras rivales. Ellas tenían que hacer todo, desde pedir el permiso en la Intendencia hasta la ejecución. Encontraron una discoteque en un barrio dedicado al carrete, cerca del metro, y fijaron la fecha para la primera semana de junio.

Cuando se acercaba el día, todas coincidimos en que ojalá no lloviera, porque de lo contrario las cosas no resultarían bien. Menos mal que para esos días no había pronóstico de lluvia. Sin embargo, al llegar la fecha, el ambiente estaba raro; los dos grupos competían para ver cuál era más capaz.

Esa noche, aunque no llovió, la atmósfera estaba enrarecida y cubierta por una densa capa de desconfianza. El lunes siguiente, cuando entregaron su informe al curso, el panorama fue obscuro:

 

·         Se pagaron cervezas con billetes falsos.

·         Había más de cinco mil pesos en billetes de mil falsos.

·         De la caja faltaron cerca de $45.000.

Supuestamente alguien había robado el dinero. En resumidas cuentas, fue un desastre. A pesar de que fue bastante gente y hubo mucho consumo, la gestión de las organizadoras fue tan ineficiente que perdimos plata. Con suerte se alcanzó a pagar el arriendo de la disco y los gastos básicos. ¡Solo diez mil pesos de ganancia! La nada misma para tanto trabajo.

 

La división y el "salón de belleza"

Esta situación solo sirvió para aumentar las divisiones y polarizar el conflicto. Si antes estábamos peleadas, este desastre nos volvió irreconciliables. Se empezó a poner en duda nuestro gran desafío: llegar todas juntas al final de año e irnos de gira.

Nuestro profesor apaciguó un poco los ánimos. Quedamos en que haríamos otros eventos para recaudar fondos y que quienes habían perdido el dinero de la fiesta tendrían que reponerlo vendiendo dulces. Se nos ocurrió hacer una "completada" en la casa de una compañera, además de rifas semanales para reavivar el entusiasmo.

A la semana siguiente nos juntamos en casa de María Elena. Fuimos unas 24 niñas, algunas con sus pololos. Mis amigas no asistieron, pero sí otras con las que tenía buena onda. Estuvo entretenido: hubo buena música, a una de las cabras se le pasó la mano con la "chela" y otra, media mosquita muerta, andaba con un pololo que era un "minazo". Una se preguntaba: ¿cómo una tipa así consigue un bombón tan rico? Pero bueno, la suerte de la fea, la bonita la desea.

Así transcurrió el resto del año entre rifas, bingos y ventas de queques. También hubo muchas discusiones, pero a pesar de ser tan peleadoras, ¡a la hora de hacer desorden éramos un solo grupo! Como éramos coquetas, transformábamos la sala de clases en un salón de belleza: unas depilándose, otras en manicure, facial o alisándose el pelo. A media tarde, era sagrado ponerse los audífonos para escuchar al Chacotero Sentimental.

 

El final del camino

Finalmente, tras otra pelea fuerte, decidimos que, si íbamos de gira, cada grupo iría por su lado. Dividimos la plata recaudada según la participación y el apoyo de cada una en los eventos. Así, cada una se llevó su parte del dinero.

Llegó el fin de año, la graduación y la práctica. Decidimos que el último día de clases iríamos con ropa de calle y nos escaparíamos a media tarde. Ese día nadie se enoja: nos escribimos mensajes de despedida con lápiz pasta en las blusas, llenándonos de grafitos y saludos antes de fugarnos del liceo.

Éramos como veinte y nos fuimos juntas a tomar la micro. Llevábamos el dinero repartido y una de las chiquillas tenía una botella de ron. Llegamos al Parque O’Higgins, compramos cervezas, vino, vodka y cosas para picar. Celebramos haber terminado el 4° medio después de cuatro largos años.

Nuestra merecida "gira de estudios" terminó siendo ese momento juntas en el parque, tomando y hablando tonteras bajo el sol hasta quedar agotadas. Fue un cierre entretenido para tanto trabajo.



jueves, 8 de agosto de 2013

Frodo sin Sentido Hobbit

"Si por lo menos ese maldito mago lo dejara tranquilo, quizá el joven Frodo se enderezara, llegando a tener un poco de buen sentido hobbit"

La comunidad del anillo, pág. 65.

lunes, 15 de julio de 2013

Tolkien El Hobbit

 
 
De hecho soy un hobbit en todo (menos en el tamaño). Me encantan los árboles, los jardines y los campos no mecanizados. Además fumo pipa, gozo de la cocina buena y sencilla (sin refrigerador)pero detesto la comida francesa; me gustan los chalecos ornamentales  en estos tiempos opacados, y hasta me atrevo a llevarlos. Me satisfacen las setas (recogidas en el campo); soy de humor  muy simple; me acuesto tarde y me levanto tarde cuando me es posible
 Cartas página 337

miércoles, 10 de julio de 2013

La inscripción del anillo






Ash nazg durbatuluk,
Ash nazg gímatul,
Ash nazg tharakatuluk,
agh burzum-ishi krimpatul.

sábado, 6 de julio de 2013

Trasgos a la menta


Estas receta se realiza con carne de Trasgo esos que andan perdidos en el bosque cazando Hobbits y todo lo que s e les cruza…lo importante es salir a cazar cuando caiga el sol y antes de que amanezca sino los trasgos se le convertirán en piedra y así será difícil cocinarlos, esta receta la trago Bilbo después de sus aventuras con los enanos....

Si no pueden conseguir trasgos lo que es más recomendable en ese caso es usar corderos frescos.


 

Preparación: 25 minutos y más de 60 para marinar

Cocción:         1 hora y 15 minutos

Ingredientes  para 6 a 8 personas

·         4 pierna de trasgos de entre 1800 a 2.400 grs

·         6 zanahorias

·         6 nabos

·         6 cebollitas

·         3 corazones de hinojo

·         3 zapallitos italianos chicos

·         Comino entero

·         Aceite de oliva

·         2 ramas de menta fresca

·         Sal, pimienta

·         Hilo para amarrar

Preparación:

·         Atar el cordero con hilo para darle forma  compacta

·         Ponerlo a marinar en una mezcla de 2 cucharadas de comino 4 cucharadas soperas de aceite, sal y pimienta. Llevar al refrigerador por una hora.

·         Cubrir el fondo de una olla a presión con una capa de hojas de menta recién lavadas y escurridas.

·         Agregar dos dedos de agua a la olla y colocar los trasgos encima. Tapar la olla y cocinar a fuego medio.

·         Pelar las verduras y a media hora de cocción agregar las verduras menos los hinojos y el zapallo italiano y salar ligeramente.

·         Cocinar entre 25 y 30 minutos y agregar los hinojos cortados por la mitad y los zapallitos trozados.

·         Cocinar entre 15 y 20 minutos más.

·         Cortar los trasgos  y ponerlos sobre una capa de hojas de menta fresca, lavadas y secadas.

·         Rodear con verduras, acompañar con aceite de oliva comino y sal gruesa.

el mejor vino para acompañar este rico plato es un Syra orgánico Viña Santa Emiliana.

domingo, 24 de marzo de 2013

Torta del Rey Elfo


Esta receta viene directo de las cocinas de la casa del señor Elrond…un majar de las tierras de Rivendel, que les guste mucho.
Ingredientes:

·         250 gr. de harina

·         1 cucharadita de polvo de hornear

·         75 gr. de azúcar

·         Ralladura de 1 limón

·         2 a 3 cucharadas de leche

·         125 gr de manteca blanda
 
Preparación:

1.       Disponer la harina sobre la mesa en forma de corona, agregar el polvo de hornear, el azúcar, la ralladura de limón, la leche y la manteca blanda

2.       Mezclar los ingredientes formando una masa blanda.

3.       Estirar las 3/4 partes de la masa y forrar un molde N° 26 con borde de 3 a 4 Cm ya enmantequillada.
 
Relleno:

·         200 gr. de harina

·         1 cucharadita colmada de polvo de hornear

·         150 gr de pasas sultanas

·         100 gr de almendras picadas

·         100 gr de frutas abrillantadas picadas

·         Ralladura de 1 limón

·         6 yemas

·         150 gr de azúcar

·          4 cucharadas de ron

·         150 gr de manteca derretida

·         6 claras

·         50 gr de azúcar

·         Huevo batido cantidad necesaria glacé de limón.
 
 Preparación:

1.       Poner  en un bol la harina mezclada con el polvo de hornear, las pasas sultanas las almendras, las frutas  y la ralladura de limón.

2.       Por separado batir las yemas con el azúcar y el ron. Agregar lentamente la manteca derretida mientras se bate.

3.       Batir las claras a nieve  bien consistentes, añadir  los 50 gr de azúcar y seguir batiendo unos segundos.

4.       Incorporar este batido a la preparación anterior y, luego, toda la mezcla a los demás ingredientes.

5.       Rellenar el molde cubierto con masa y con el resto de la masa cortar tiras de 1 cm de ancho.

6.       Formar un enrejado sobre la torta pintar con huevo batido y cocinar a horno moderado 45 a  50 minutos.

7.       Una vez lista glacear el enrejado con glacé de  limón.

miércoles, 6 de marzo de 2013

El Pasajero


          Salí de clases tarde, pasadas las 19:30. Iba con mi amiga Kathy conversando de cualquier cosa mientras caminábamos hacia el paradero. El bus llegó enseguida y subimos; estaba atestado, una masa de gente moviéndose al ritmo de los frenazos. Avanzamos hacia la parte posterior para encontrar un poco de espacio. Un par de cuadras más adelante, se subieron varios pasajeros y uno de ellos se abrió paso hacia donde estábamos nosotras.

          Era un hombre trigueño, de unos 30 años, con el cabello ondulado cayéndole hasta los hombros. Pero fueron sus ojos los que me detuvieron el corazón: verdes, profundos, penetrantes.

          Nuestras miradas se anclaron. Fue algo instantáneo, hipnotizante e intenso. Nos quedamos fijos, como si quisiéramos leernos el pensamiento en medio del caos. El resto de los pasajeros, el ruido del motor y los gritos de la calle desaparecieron; solo existíamos nosotros dos, perdidos el uno en el otro. Sentí una descarga eléctrica que me recorrió la columna, obligándome a bajar la vista por un segundo para recuperar el aliento, pero el imán fue más fuerte y volvimos a encontrarnos. Nuestras miradas estaban llenas de un fuego que hizo arder mi mente.

          Kathy seguía hablando a mi lado, pero yo no escuchaba nada. Estaba en un estado onírico, bajo un embrujo. Mi corazón latía cada vez más rápido, sentía que la sangre me hervía y la piel se me erizaba solo con esa promesa silenciosa de lujuria que él me enviaba. Él se fue acercando poco a poco hasta quedar frente a mí, invadiendo mi espacio personal. Sin decir palabra, sacó un lápiz y un papel de su bolsillo, anotó algo y tocó el timbre. Antes de bajar, me entregó el papelito con un roce de dedos que me quemó.

    —¡Chao, que estés bien! —dijo con una voz que terminó de derretirme.

          Me bajé en la cuadra siguiente, aunque no era mi paradero. Necesitaba aire, o quizás, necesitaba seguirlo. Tomé mi celular y marqué el número del papel. —¡Hola! Soy Isabel, tu "amiga" del bus...

           Él estaba a solo media cuadra. Se detuvo, cruzó la calle y, sin mediar palabra, me saludó con un beso fogoso que me dejó sin aliento. Caminamos casi en trance hasta el Parque Forestal, buscando la complicidad de las sombras bajo los árboles. Nos sentamos en el césped y nos besamos con una locura acumulada. Sus manos comenzaron a subir por mis rodillas hasta mis muslos, firmes y decididas.

De un tirón bajó mi falda, dejando mi barriga expuesta al aire fresco de la noche mientras él la cubría de besos y jugaba con mi ombligo. Luego, su mano se deslizó bajo mi ropa interior, acariciando mi monte de Venus con una destreza que me hizo humedecerme al instante. Sus dedos rozaron mi clítoris y me estremecí entera. Con un movimiento ágil, retiró mi ropa interior y la dejó sobre el pasto.

Me abrió las piernas y comenzó a lamerme con una suavidad tortuosa. Sentir su lengua húmeda y caliente en mi intimidad jugosa, moviéndose con ritmo experto, me provocó un orgasmo explosivo que me hizo arquear la espalda contra la tierra.

          Él se bajó los pantalones y pude notar su miembro: erecto, duro, imponente. Lo tomé con mis manos, explorando su calor antes de lamerlo con locura. Luego, lo empujé suavemente hacia el suelo y me subí sobre él. Comencé a mover mis caderas en círculos salvajes, cabalgándolo bajo la protección de los árboles. Sentí varios orgasmos majestuosos que me arrancaron gritos de placer, envuelta en ese manto de locura urbana.

          Mientras yo gritaba, él me tomó por las caderas y me derribó de nuevo al suelo. Abrió mis piernas con una urgencia violenta y me penetró con fuerza, jadeando con una intensidad que me hizo vibrar. Sus embestidas eran cada vez más rápidas, más profundas. Yo gemía sin control, sintiendo cómo cada nervio de mi cuerpo estallaba. Logramos acabar juntos, en un grito ensordecedor que se perdió entre el follaje del parque.

          Nos quedamos así, pegaditos, compartiendo el sudor y los besos durante un largo rato, mientras la ciudad seguía su curso a nuestro alrededor. Finalmente nos vestimos y tomamos el bus a casa, pero algo había cambiado para siempre.

          Ahora, todas las tardes, el Parque Forestal es nuestro santuario.