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martes, 30 de agosto de 2011

Santiago y el Sur: Dos Relojes Distintos

Los que nacimos en Santiago no logramos comprender a los que vienen de provincia. No sé cómo se les ocurre andar sin reloj por la ciudad; salen con diez minutos de anticipación, mientras nosotros debemos hacerlo con más de una hora. Ellos caminan diez cuadras y se les acaba el mundo, mientras que nosotros recorremos esa misma distancia solo para llegar a la boca del Metro.

No me podré acostumbrar fácilmente a la vida aquí en Puerto Montt por diversos motivos. Si para llegar a algún lado me demoro dos horas arriba de una micro, ¿cómo se las arreglan sin Metro? Ni siquiera tienen buses de más de dos puertas, y mucho menos choferes que se vayan echando "carreritas" entre ellos. Definitivamente, no hay nada como el ritmo de la capital.

Sin embargo, creo que lo más lindo de Santiago es mirar hacia el este y ver de fondo nuestra hermosa cordillera de los Andes: nevada, majestuosa y obscuro testigo de nuestra prisa. Ella nos recuerda que, a pesar de todo, esa ciudad sigue siendo muy hermosa.

 


lunes, 29 de agosto de 2011

Senderos de la vida....



Caminos imperecederos, caminantes eternos, vías sin sentido; siento mil cosas: emociones sin rumbo, vidas sin fin.

 

Existen senderos nebulosos que no me dejan pensar, que no me dejan respirar; y aquí ando, por estas calles que me hacen estremecer y vacilar. Este camino es enigmático: una senda mágica que me lleva por lugares que jamás creí conocer y me llena de sensaciones que nunca imaginé sentir. Todo esto me hace experimentar una mezcla de placer y pasión, pero también me entrega una cuota de miedo hacia lo desconocido. Es un encantamiento que hace vibrar cada fibra de mi ser, induciéndome al deseo de descubrir qué hay más adelante, en ese horizonte aún obscuro.

 

Tengo el deseo y la ilusión de que este recorrido me lleve hacia parajes que colmen mi vida de amor y efusividad; que esa pasión utópica y onírica se transforme en una realidad placentera. Quiero poder decir que esta carretera llamada vida no solo me llenó de deleite, sino que me condujo al esplendor del delirio y la lujuria, hasta quedar fatigada de tanto arrebato.

 

Este es un largo camino que se debe recorrer con un compañero idóneo para que la existencia se vuelva una aventura sin fin: exótica, placentera, como el sueño más dulce e intenso que he tenido.

 

Y esa senda que hoy tránsito, la recorro con pasión, con convicción y con la tranquilidad que me da mi compañero de viaje. Ese compañero que encontré está completamente empapado de mi ser, de mis deseos y de mis sentimientos; está colmado de un amor que nos llena a los dos. Una vida que nos unió y nos hizo uno solo. Una vida, un camino, un amor que hoy recorremos juntos; una senda que nos guía, un amor que nos reencuentra, una vía que nos reúne, una pasión que nos entrelaza. Una vida que nos unió y que jamás nos separará.

 

Caminos imperecederos, amores eternos, vías que nos juntan, carreteras que nos llevan. Un amor que se eterniza, esquinas que nos unen, una vida que nos juntó... un amor que nos inmortalizó.



sábado, 20 de agosto de 2011

Fuego y Pasión

Escribo porque quizás sea hoy la última vez

que escribo pensando en ti.

Escribo porque me nace escribir, Porque el fuego que llevo

dentro lo está quemando todo.

Escribo porque este fuego me recuerda

toda la pasión desbordante que un día sentí por ti.

Escribo porque el dolor que me quema

 y me derrite es más fuerte que el deseo de callar

 algo que ya no puedo controlar.

Escribo para gritar que desde el día que sentí

tus labios junto a los míos no te puedo sacar de mente.

Escribo porque es la única forma que tengo para calmar

 este dolor fulminante, hiriente que quema

mis pensamientos, mi alma y mi paz.


martes, 2 de agosto de 2011

Recuerdos sobre las micros amarillas

Me encantaba subirme a la micro porque nunca sabía con qué me iba a encontrar. Creo que las "amarillas" eran el corazón del folclore de Santiago; cada máquina era un universo aparte.

Era un espectáculo visual. Algunas parecían discotecas con sus luces estroboscópicas de colores y espejos; otras, auténticos museos de Pop Art. Había máquinas tan cargadas de colgajos y fetiches que resultaba hipnótico: desde zapatos de guagua colgando del retrovisor hasta fotos de rockeros y santos conviviendo en el tablero.

Era sinceramente entretenido llevar a un provinciano a dar vueltas por la ciudad. El viaje estaba lleno de sobresaltos y eventos que solo podían ocurrir aquí, en ese Santiago obscuro y vibrante que ya se fue.

¡Ah, ese Santiago que no volverá! Ese viaje nostálgico donde, de pronto, las luces se apagaron y el bus se perdió en la distancia.