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viernes, 21 de octubre de 2011

Paradojas

hay muchas cosas que suceden y no tienen  ninguna explicación científica, hay cosas que suceden y carecen de toda lógica, son completamente subjetivas, pero son tan necesarias para poder seguir viviendo en este mundo, que es ilusorio, fantástico, irreal, lleno de sueños, lleno de deseo, lleno de un sinnúmero  de cosas que no vemos ni palpamos, pero desde el fondo de nuestro ser las podemos sentir, y por esa sensación sabemos que son reales y que existen.
Por medio de cosas que carecen de lógica, hoy nosotros podemos tener una completa convicción de que no estamos locos y de que actuamos de una manera racional.
Como es  entonces que de cosas tan inexplicables y tan impalpables llenas de fantasías y locuras podemos mantener la cordura para poder seguir viviendo en este mundo que nos exige ser seres racionales, que nos exige tener pruebas reales, concretas y que se puedan comprobar de una manera "científica", si estas cosas la ciencia oficial las declara inexistentes, si estas cosas según la ciencia son ilógicas y carecen de cualquier sentido práctico; pero son tan necesarias para la existencia misma e cada ser.
Todo es una paradoja, todo es algo tan difícil de entender  que mientras más  días pasan, mas me complica el entender  ¿Por Qué?
Hay tantas cosas que no tienen explicación y una de esas coas tiene una relación directa con lo que sucede en el instante mismo cuando miro a tus ojos, es en ese preciso momento todo lo que me parce lógico y real se vuelve como una sombra, y me doy cuenta de que soy solo un espectro, u ente que necesita mirarte, sentirte, quererte para poder así tener una razón lógica para poder seguir viviendo en este mundo ilógico y lleno de cosas sin sentido.

jueves, 20 de octubre de 2011

Un café en París

Había puesto la tetera para tomarme un café, ese simple que viene en tarro; no tenía de grano y la cafetera estaba averiada. Así que, sin más, me serví una taza bien caliente, cargada, dulce y con leche.

Busqué en mi computador un fondo de pantalla con una foto de París: una hermosa imagen capturada en el atardecer de la Ciudad Luz. Me senté en mi silla a contemplar la pantalla mientras, de fondo, se sentía el murmullo constante del río Mapocho.

Cerré un poco los ojos y me dije a mí misma: «No hay nada más agradable en el mundo que sentarse a tomar café y contemplar la majestuosa Torre Eiffel. Sentir el sonido del Sena bajo el cielo obscuro de la tarde... Qué agradable es estar en París».


martes, 18 de octubre de 2011

Tu compañia



 

Pienso en ti desde hace mucho tiempo,

y no puedo sacarte de dentro de mí.

 

Tu mirada sincera,

tus ojos prístinos,

tu pasión y tu ternura.

 

Al amanecer grito tu nombre,

 al atardecer te pienso.

Cuando camino por la calle,

tú acompañas mi andar;

 y al dormir, duermo contigo:

con tus recuerdos, con tu calidez.

 

En mi mente estás,

en mi corazón vives,

en mi alma tienes tu residencia...

Y no quiero que salgas de ahí

nunca, nunca. Jamás.