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viernes, 17 de abril de 2026

El incendio que me consume.


    
El no verte me causa un dolor intenso que me carcome el alma en silencio. No te veo, no te oigo, no te siento, no te tengo; este dolor está envenenando mi mente y mi espíritu. Es un fuego que me quema, que me debilita, que no me deja pensar y hace que me duela hasta respirar.

 

    Tu ausencia, tu lejanía y tu indiferencia calan hondo en mí, como una saeta ardiente que solo aviva el incendio que me consume. Lo que más me hiere, sin duda alguna, es tu indiferencia. Quisiera gritarte que ya no puedo vivir sin ti; sin embargo, callo porque no quiero que sientas que te acoso o que te ahogo con mis palabras.

 

    ¿Cómo decirte que ya no puedo estar más sin ti, si tú no quieres oír nada? ¿Cómo expresar lo que siento sin parecer desesperada o una loca desaforada? ¿Cómo decir que te pienso a cada instante si no me dejas acercarme? Me duele esta situación: me duele el dolor, me duele el amor, me duele tu silencio y me duele el mío. Me duele amarte a escondidas, como si esto fuera un castigo o un pecado, sin poder gritarle al viento que lo que más deseo es ver tus dulces ojos cafés y perderme en ellos para encontrar la paz que mi alma en llamas clama.