Aún guardo en los labios el almíbar de tu boca,
y en los poros, el rastro de tu aroma:
esa sal húmeda que dejó tu cuerpo
Cierro los ojos y te
recupero frente a mí;
éramos una sola marea
de carne,
una arquitectura de piel fusionada.
Guardo la ternura de tu entrega
y ese ímpetu indomable de tu fuerza.
Moreno de ojos verdes,
tu mirada todavía me atraviesa,
me desviste, me habita.
Verte aquí, presente en mi memoria,
me estremece hasta el delirio.
Es un hambre antigua,
una urgencia de ser,
de nuevo, un solo latido.
Qué éxtasis sentirte
en el centro de mi pecho,
habitando mis pensamientos y mis sombras!
Nuestras almas se trenzaron en un nudo
que me permitió rozar el cielo con los dedos,
tus manos encadenaban las mías.
Me mirabas fijo mientras me bebías
los besos, y el pulso corría al unísono,
un incendio incontrolable que me arrancó el gemido.
Eres, sin duda, la encarnación del deseo,
el hombre que reinventó la erótica sobre la tierra.
Fue un asalto de luz, una magia incontenible
me dejó en este naufragio letárgico.
Sentirte dentro de mi ser fue habitar un sueño,
una experiencia onírica donde sobran las palabras,
porque no hay lenguaje para el roce de la lengua
ni para el viaje exquisito de lamer tu piel.
Mi moreno de ojos verdes,
esta comunión de olerte y poseerte es
la huella más honda
de mi vida.
tuya es confirmar que el milagro existe,
que cuando la pasión y la ternura se conjugan,
se alcanzan cumbres que no se pueden nombrar.
Haberte sentido en mí es la dulzura
más feroz que he conocido.
Porque no hay gloria más grande que arder en ese fuego...
ese que solo tú supiste encender.

awwwwwwwwwww..... genial
ResponderEliminarMuy buena... es una temática que tengo MUCHO INTERÉS en abordar pero nunca me lanzo...
ResponderEliminarPuede que me anime pronto.
Un saludo desde http://deprosaapoesia.blogspot.com
Ya van dos que me han gustado, con esta me hago seguidor y me iré leyendo las de tu archivo poco a poco.