
Había puesto la tetera para tomarme un
café, ese simple que viene en tarro; no tenía de grano y la cafetera estaba
averiada. Así que, sin más, me serví una taza bien caliente, cargada, dulce y
con leche.
Busqué en mi computador un fondo de
pantalla con una foto de París: una hermosa imagen capturada en el atardecer de
la Ciudad Luz. Me senté en mi silla a contemplar la pantalla mientras, de
fondo, se sentía el murmullo constante del río Mapocho.
Cerré un poco los ojos y me dije a mí
misma: «No hay nada más agradable en el mundo que sentarse a tomar café y
contemplar la majestuosa Torre Eiffel. Sentir el sonido del Sena bajo el cielo
obscuro de la tarde... Qué agradable es estar en París».
que buena amiga, me gustó.CClaup
ResponderEliminarun dia lo estaras!!!! de tanto desearlo .. se cumplira!!
ResponderEliminar