Este amor platónico, más que una agonía,
ha
sido una bendición.
Si
bien yo no quería amarte,
me
enamoré de ti así, sin buscarlo
y
sin quererlo.
De
repente, tu mirada chocó con la mía
y
me hiciste sentir algo que creí
que
jamás volvería a habitarme.
Yo
no quería sentir nada por nadie;
creí
imposible recuperar esa emoción,
esa
sensación maravillosa de
Ahora,
cada vez que te veo, me siento
como
una quinceañera que vuela
envuelta
en fantasías de mundos mágicos,
lejanos
y obscuros.
No
te reprocho que no sientas lo mismo que yo;
solo
agradezco al cielo volver a sentir
la vida dentro de mí.
Desearía
que volaras conmigo
en
este mundo de fantasía,
donde
solo los enamorados pueden llegar.
Desearía
sentirte en mi piel
y
que este amor deje de ser un sueño
para
volverse una realidad tangible.
Yo
no quise enamorarme, solo sucedió:
tu
mirada de fuego se adentró en mi alma
y
hoy el amor late dentro de mí.
Quisiera
gritarle al mundo que me enamoré,
gritarles
a todos que vivo en un estado onírico.
Quisiera
sentarme bajo la lluvia
y
desear que cada gota fueran tus caricias,
hasta
quedar, por fin, empapada de ti.

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