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jueves, 24 de noviembre de 2011

Sopa de cola de Dragón.




Preparación: 25 minutos
Cocción: 45 minutos
Ingredientes: para 6 personas 

Ingredientes:
  • 1 cola de dragón rebanada….( si no consigue cazar al dragón y córtale la cola le sirve también la cola de Buey)
  • 1 cebolla picada finamente (las mejores son las del huerto de  Sam Gamyi)
  • 4 puerros
  • 1 zanahoria
  • 1 taza de garbanzos
  • 4 yemas de huevo
  • 1 copa de vino

Preparación:
  • Ponemos en una olla a presión a cocer la cola de dragón con las verduras y los garbanzos remojados y limpios, metidos en una rejilla.
  •  Vamos desengrasando y desespumando, dejando cocer hasta que el la colita quede blanda.
  •  Filtramos el caldo, y desmenuzamos el rabo y lo reservamos.
  • Clarificamos el caldo resultante.
  • Preparamos unos panqueques y las cortamos en tiras finas.
  • Para servir, calentar el caldo clarificado o consomé, y acompañar en plato a parte de las tiras de panqueques, del rabo desmigado
  • Agregar la yema al plato.
  • Optativamente se puede añadir vino fino al consomé.

jueves, 17 de noviembre de 2011

Albódigas de Pechuga de Dragón





Preparación:   20 Minutos
Cocción :       10 Minutos
Ingredientes :  6 Personas

Ingredientes
* 2 tazas de Carne de Dragón cocida y picada ( si no lo consigue puede ser pollo) En esta época los dragones son escasos.
* 1 taza de queso rallado
* 1 Taza de pan rallado
* 1 cebolla rallada o picada
* 3 cucharadas de mantequilla o margarina
* aceite
* sal y pimienta
* 1 cucharada de ajo picado
* 3 huevos
* 5 cucharadas de harina.
Preparación
* En un bol mezcle la carne de dragón, con el queso rallado, la margarina, la cebolla previamente frita y el ajo picado.
*agregue los 3 huevos batidos, el harina y dos cucharadas de aceite. Sazone con sal y pimienta y mezcle bien.
*tome una porción equivalente a 2 cucharadas de preparación y forma albóndigas. Luego páselas por el pan rallado.
*en un sartén grande, coloque abundante aceite. Lleve al fuego y una vez que esté el aceite caliente, fría las albóndigas.
Escúrrelas en papel absorbente y sirva de inmediato acompañadas de puré de Papas del huerto y salsa al estilo comarqueño.

viernes, 21 de octubre de 2011

Paradojas

hay muchas cosas que suceden y no tienen  ninguna explicación científica, hay cosas que suceden y carecen de toda lógica, son completamente subjetivas, pero son tan necesarias para poder seguir viviendo en este mundo, que es ilusorio, fantástico, irreal, lleno de sueños, lleno de deseo, lleno de un sinnúmero  de cosas que no vemos ni palpamos, pero desde el fondo de nuestro ser las podemos sentir, y por esa sensación sabemos que son reales y que existen.
Por medio de cosas que carecen de lógica, hoy nosotros podemos tener una completa convicción de que no estamos locos y de que actuamos de una manera racional.
Como es  entonces que de cosas tan inexplicables y tan impalpables llenas de fantasías y locuras podemos mantener la cordura para poder seguir viviendo en este mundo que nos exige ser seres racionales, que nos exige tener pruebas reales, concretas y que se puedan comprobar de una manera "científica", si estas cosas la ciencia oficial las declara inexistentes, si estas cosas según la ciencia son ilógicas y carecen de cualquier sentido práctico; pero son tan necesarias para la existencia misma e cada ser.
Todo es una paradoja, todo es algo tan difícil de entender  que mientras más  días pasan, mas me complica el entender  ¿Por Qué?
Hay tantas cosas que no tienen explicación y una de esas coas tiene una relación directa con lo que sucede en el instante mismo cuando miro a tus ojos, es en ese preciso momento todo lo que me parce lógico y real se vuelve como una sombra, y me doy cuenta de que soy solo un espectro, u ente que necesita mirarte, sentirte, quererte para poder así tener una razón lógica para poder seguir viviendo en este mundo ilógico y lleno de cosas sin sentido.

jueves, 20 de octubre de 2011

Un café en París

Había puesto la tetera para tomarme un café, ese simple que viene en tarro, no tenía de grano y la cafetera estaba averiada, así que simplemente me serví una taza de café bien caliente, cargado, dulce y con leche.
Puse en mi PC, una fondo de pantalla con la foto de París, una hermosa foto tomada en el atardecer de la ciudad luz; y me senté en mi silla mirando mi computador, mientras de fondo se sentía el río Mapocho, y me decía a mi misma "No hay nada más agradable en el mundo que sentarse a tomar café y contemplar la hermosa torre Eifel, sentir el sonido del Sena, que agradable es estar en París"

martes, 18 de octubre de 2011

Tu compañia



 

Pienso en ti desde hace mucho tiempo,

y no puedo sacarte de dentro de mí.

 

Tu mirada sincera,

tus ojos prístinos,

tu pasión y tu ternura.

 

Al amanecer grito tu nombre,

 al atardecer te pienso.

Cuando camino por la calle,

tú acompañas mi andar;

 y al dormir, duermo contigo:

con tus recuerdos, con tu calidez.

 

En mi mente estás,

en mi corazón vives,

en mi alma tienes tu residencia...

Y no quiero que salgas de ahí

nunca, nunca. Jamás.


martes, 30 de agosto de 2011

Ciudad Capital

Los que nacimos en Santiago, no logramos comprender a  los que vienen de provincia, no sé como se les puede ocurrir andar sin reloj por la ciudad, salen con 10 minutos de anticipación mientras nosotros lo debemos hacer con más de una hora, ellos camina  10 cuadras y se les acaba la ciudad, mientras nosotros debemos recorrer 10 cuadras solo para llegar al metro; no me podré acostumbrar fácilmente a la vida acá en Puerto Montt, por diversos motivos, si aquí para llegar a algún lado me demoro dos horas arriba de una micro ¿Cómo se las arreglan sin metro? si ni siquiera tienen micros de mas de dos puertas, que ni siquiera van echándose carreritas entre ellas, no hay nada como estar en la capital.
creo que lo más lindo de Santiago, es mirar hacia el este y ver de fondo nuestras hermosa cordillera de Los Andes nevada, majestuosa, que nos recuerda que a pesar de todo esta ciudad es muy hermosa.

lunes, 29 de agosto de 2011

Senderos de la vida....



Caminos imperecederos, caminantes eternos, vías sin sentido; siento mil cosas: emociones sin rumbo, vidas sin fin.

 

Existen senderos nebulosos que no me dejan pensar, que no me dejan respirar; y aquí ando, por estas calles que me hacen estremecer y vacilar. Este camino es enigmático: una senda mágica que me lleva por lugares que jamás creí conocer y me llena de sensaciones que nunca imaginé sentir. Todo esto me hace experimentar una mezcla de placer y pasión, pero también me entrega una cuota de miedo hacia lo desconocido. Es un encantamiento que hace vibrar cada fibra de mi ser, induciéndome al deseo de descubrir qué hay más adelante, en ese horizonte aún obscuro.

 

Tengo el deseo y la ilusión de que este recorrido me lleve hacia parajes que colmen mi vida de amor y efusividad; que esa pasión utópica y onírica se transforme en una realidad placentera. Quiero poder decir que esta carretera llamada vida no solo me llenó de deleite, sino que me condujo al esplendor del delirio y la lujuria, hasta quedar fatigada de tanto arrebato.

 

Este es un largo camino que se debe recorrer con un compañero idóneo para que la existencia se vuelva una aventura sin fin: exótica, placentera, como el sueño más dulce e intenso que he tenido.

 

Y esa senda que hoy tránsito, la recorro con pasión, con convicción y con la tranquilidad que me da mi compañero de viaje. Ese compañero que encontré está completamente empapado de mi ser, de mis deseos y de mis sentimientos; está colmado de un amor que nos llena a los dos. Una vida que nos unió y nos hizo uno solo. Una vida, un camino, un amor que hoy recorremos juntos; una senda que nos guía, un amor que nos reencuentra, una vía que nos reúne, una pasión que nos entrelaza. Una vida que nos unió y que jamás nos separará.

 

Caminos imperecederos, amores eternos, vías que nos juntan, carreteras que nos llevan. Un amor que se eterniza, esquinas que nos unen, una vida que nos juntó... un amor que nos inmortalizó.



sábado, 20 de agosto de 2011

Fuego y Pasión

Escribo porque quizás sea hoy la última vez

que escribo pensando en ti.

Escribo porque me nace escribir, Porque el fuego que llevo

dentro lo está quemando todo.

Escribo porque este fuego me recuerda

toda la pasión desbordante que un día sentí por ti.

Escribo porque el dolor que me quema

 y me derrite es más fuerte que el deseo de callar

 algo que ya no puedo controlar.

Escribo para gritar que desde el día que sentí

tus labios junto a los míos no te puedo sacar de mente.

Escribo porque es la única forma que tengo para calmar

 este dolor fulminante, hiriente que quema

mis pensamientos, mi alma y mi paz.


martes, 2 de agosto de 2011

Recuerdos sobre las micros amarillas

Me encantaba subirme a la micro, porque nunca sabía lo que iba a encontrar arriba de esta, creo que las micros amarillas eran parte del folclore de la ciudad de Santiago.
Era muy divertido, ya que algunas parecían discoteques, con sus luces estroboscópicas de varios colores, espejos; otras parecían museos de pop Art, y otras con tantos colgajos, miles de fetiches de toda especie, cosas tan extrañas desde zapatos de guagua hasta fotos de rockeros.
Era sinceramente muy entretenido sacar a pasear a algún provinciano en micro a dar vueltas por Santiago, ya que los buses eran extrañamente divertidos y el viaje por la ciudad  estaba lleno de sobresaltos, eventos y cosas que solo sucedían acá en la ciudad arriba de un bus.
¡Ha, ese Santiago que se fue! ¡Y que no volverá!, ese viaje nostálgico, las luces se apagaron, el bus ya se fue.

martes, 26 de julio de 2011

Dolor


El amor me duele

y el alma la tengo sangrante.  

Este dolor que me desgarra

y me hace llorar a gritos.

 

¿Cómo iba a saber que amarte

iba a ser tan doloroso?

Te amo, y no me arrepiento de ello,

 pero el dolor que hoy cargo es tan inmenso...

No existe analgésico,

ni nada que me cure de esta agonía,

ni que calme este amor intenso

que arde dentro de mí.

 

¡Te amo!, ¡te amé!,

 y dolió. Y eso,

 jamás lo olvidaré.


miércoles, 20 de julio de 2011

El Secuestro.


Tenía muchas ganas de hacer una locura, de hacer algo realmente entretenido y excitante.

La tarde estaba soleada venia saliendo del trabajo y me dirigí al paradero del bu para irme hacia mi casa, en esto pasaba frente a mí un jeep blanco del año, y el chofer era un lindo y guapísimo hombre moreno de ojos verdes, cabello castaño; con su camisa medio abierta y su corbata estaba en el asiento del copiloto, él me miro y nos sonreímos; en eso yo me acerqué al auto a saludarlo, abrí la puerta y me subí sin invitación alguna y le dije ¡Hola! ¿Cómo estás? ¡Soy Lily y estás secuestrado!, ¡Todo lo que queda de día serás para mí!

Mi victima resulto ser un médico que venía de su turno de algún hospital, conversamos sobre eso en el camino y me pregunto ¿Dónde quedaba el lugar de la detención?

-Le dije que siguiera manejando hacia el oriente por Tobalaba, hasta príncipe de Gales, por ahí cerca de un mirador hay un motel, con cabañas, súper lindo.

Llegamos a nuestra habitación, nos besamos locamente, nos quitamos la ropa con ímpetu y un desenfreno cargado de pasión, lujuria y deseos sin límites, seguimos besándonos por cada milímetro de piel, acaricie todo su esbelto y atlético cuerpo, fuerte y musculoso, era el sueño de cualquier fémina tener a este adonis en la cama para una solita.

Él comenzó a besar mi cuello, bajo suavemente hasta llegar a mis pechos, los lamió, los tomo con sus manos suavemente y sentí como mis pezones se ponían duros, tensos y al sentir el roce de su lengua por mis pechos sentí por todo mi cuerpo una carga eléctrica, que comenzaba por mis pezones…y luego empezó a succionarme como si quisiera alimentarse de mí, mientras sus manos aún estaban acariciando mi piel.

Mientras él estaba ardiente siguió besándome, lamiéndome, succionándome y bajaba suavemente por mi cuerpo, hasta llegar al monte de Venus y ahí se entretuvo acariciándolo, jugando con mis bellos púbicos como si fueran hilos de plata los deshilaba uno en uno.

Sus manos ahí, en mi zona especial, me causaba una sensación electrizante que se volvía cada vez más estremecedora, mientras seguía entrando y acariciando mi clítoris, mi sexo estaba ya humedecido, completamente mojado y con sus manos abría mis piernas y comenzó con sus dedos y abrió mi vagina él se puso frente a ella y comenzó a lamerla, a saborear mi clítoris y a penétrame suave y deliciosamente con su lengua y en eso estuvo bastante tiempo y me hizo gemir de una manera descontrolada, jamás había sentido tanto placer, nunca un hombre había logrado que sintiera orgasmos tan fascinantes con solo lamerme, acabe muchas veces solo con sus lamidos; después el cambio de posición y puso en mi boca todo su sexo, mientras él aún tenía sus labios en el mío y comencé a succionar su pene como si fuese un rico helado; estuvimos así un  largo rato.

Después de eso él me puso en posición con la cabeza en la almohada de una forma cómoda y él se montó arriba sobre mí y comenzó a penetrarme de una manera suave, pero le pedí que aumentara su ritmo y la velocidad, decía… “más fuerte”, y él tomo mis piernas y se las puso al hombro y ahí introdujo todo su miembro duro, hasta lo más profundo de mí y se movía jadeante, con fuerza, con pasión y locura y me hizo gritar, gemir como nunca, así también acabe varias veces, después de eso me tomo con fuerza y me dio vueltas y me tiro contra la cama, me puso boca abajo en cuatro y comenzó a penetrarme cada vez más rápido y mientras ponía sus manos en mis caderas, y m excitaba cada vez más y más y se movía cada vez de forma más rápida y comenzó deslizar sus manos hacia mi clítoris, y comencé a gritar y chillar, sentía miles de orgasmos deliciosos, lujuriosos e irresistibles, y él dijo que quería acabar y comenzó a moverse más y más rápido y los dos logramos acabar juntos y juntos también dimos un alarido que salió desde lo más profundo de nosotros, un grito  lleno de placer, con el que juntos logramos un orgasmo magistral.

Después nos metimos al jacuzzi tomamos una copa de champagne y pedimos algo para comer, conversamos sobre nuestras vidas y nuestras actividades; ya no recuerdo su nombre, solo recuerdo su actividad, médico.

Salimos del motel como 5 horas después; de ahí me fui al metro y nunca más supe de él.

lunes, 18 de julio de 2011

El afiche Electoral

En los años 40, mi papá acababa de llegar a Santiago, proveniente de Antofagasta, era la primera vez que estaba en la capital, en busca de oportunidades laborales, y aún no se  ubicaba bien aquí en la ciudad; era época de elecciones, y una campaña electoral en plena actividad, la ciudad estaba llena de carteles de los diversos candidatos al parlamento, así que un amigo le dio como referencia un afiche que quedaba en la esquina en la que debía bajarse de la micro para llegar  a la pensión  en la que se estaba alojando.
Todo funciono muy bien durante las semanas de la campaña electoral; pero el lunes siguiente a las elecciones mi papá se paso de largo y llego hasta el mismo paradero de micros.
Las elecciones habían sido el domingo y ya no quedaba ninguna propaganda en las esquinas de la ciudad.

jueves, 7 de julio de 2011

Recuerdos de pasión.

Aún guardo en los labios el almíbar de tu boca,

y en los poros, el rastro de tu aroma:

esa sal húmeda que dejó tu cuerpo 

 Cierro los ojos y te recupero frente a mí;

 éramos una sola marea de carne,

una arquitectura de piel fusionada.

 

Guardo la ternura de tu entrega

y ese ímpetu indomable de tu fuerza.

Moreno de ojos verdes,

tu mirada todavía me atraviesa,

me desviste, me habita.

 

Verte aquí, presente en mi memoria,

me estremece hasta el delirio.

 Es un hambre antigua, una urgencia de ser,

de nuevo, un solo latido.

Qué éxtasis sentirte

en el centro de mi pecho,

habitando mis pensamientos y mis sombras!

Nuestras almas se trenzaron en un nudo

que me permitió rozar el cielo con los dedos,

tus manos encadenaban las mías.

 

Me mirabas fijo mientras me bebías

los besos, y el pulso corría al unísono,

un incendio incontrolable que me arrancó el gemido.

Eres, sin duda, la encarnación del deseo,

el hombre que reinventó la erótica sobre la tierra.

 

Fue un asalto de luz, una magia incontenible

me dejó en este naufragio letárgico.

Sentirte dentro de mi ser fue habitar un sueño,

una experiencia onírica donde sobran las palabras,

porque no hay lenguaje para el roce de la lengua

ni para el viaje exquisito de lamer tu piel.

 

Mi moreno de ojos verdes,

esta comunión de olerte y poseerte es

 la huella más honda de mi vida.

tuya es confirmar que el milagro existe,

que cuando la pasión y la ternura se conjugan,

se alcanzan cumbres que no se pueden nombrar.

 

Haberte sentido en mí es la dulzura

más feroz que he conocido.

Porque no hay gloria más grande que arder en ese fuego...

ese que solo tú supiste encender.


martes, 5 de julio de 2011

El viaje en Autobús

 Tomé el bus hacia Providencia. El calor no venía del ambiente; era interno, una fiebre lenta y hormonal que había encendido mi cuerpo desde anoche. Sentía la necesidad, una urgencia eléctrica, latiendo justo debajo de mi piel.

La noche anterior, busqué ese alivio. Deslicé mi mano, y mi clítoris, ya hinchado y febril, me recibió. Mis dedos se hundieron en la cavidad resbaladiza y palpitante. La humedad era espesa, un néctar ardiente que se agitaba al ritmo frenético de mi pecho. Cada caricia provocaba un suave calambre en mi vientre; el placer se aceleraba como un motor descontrolado. Mi clítoris se hizo una fruta madura, lista para reventar. Necesitaba saborear ese elixir salino; embriagarme en mi propia locura.

Saqué mis dedos, brillantes con el sabor de mi deseo. Los llevé a mi boca, saboreándolos con una avidez animal, como una leona hambrienta lamiendo la última gota de una presa. Era mi placer, mi locura líquida. Mientras lamía, mi otra mano trabajaba mi centro hasta que logré un orgasmo arrasador, un grito lujurioso y liberador que solo yo pude oír. Quedé exhausta, tranquila, dormida hasta la mañana.

Ahora, en el autobús, el recuerdo era un fuego latente. Crucé las piernas, sintiendo el peso de la tela y el peligro de la mirada ajena, lo cual avivó la llama. Con el vaivén rítmico y mecánico del bus —un vibrador público—, cerré los ojos. Empecé a tensar los músculos internos, contrayendo mi vagina a conciencia, logrando un orgasmo exquisito. Sentí un torrente caliente entre mis muslos, pero mantuve las piernas juntas, la tela actuando como un dique. El autobús seguía, y yo seguía, sincronizada con el motor; un festival de placer silencioso y secreto.

Este ha sido uno de los viajes en bus más placenteros que he tenido.

lunes, 4 de julio de 2011

Vías sin rumbo



Vías sin rumbo, caminantes sin camino

que van de un lado a otro buscando su destino;

buscando el sentido de sus pasos,

pasos vacilantes que, aun así, te llevan hacia adelante.

 

Una ciudad sin salida que te muestra una herida;

esa que se hizo a sí misma en el momento

 en que no dejó a la gente transitar tranquila.

 

Tránsitos cortados, concertados por vías sin salida;

porque cada ruta te llevaba a un interminable

pasadizo que se convierte en laberinto.

Ese laberinto que te mostraba lo que no querías ver...

lo que no querías sentir.

 

Y hoy estás aquí, experimentando

ese sentimiento del que huías. Aquí,

 empapada de una ciudad llena de ruidos y de rencores,

te das cuenta de que la única salida a toda

esta maraña de callejuelas enredadas

es la luz que irradia de tu amor.

Porque solo tú y tu luz son los que pueden iluminar

estos obscuros caminos.

 

Caminos forjados como telas de araña,

 para atrapar y envolver a los caminantes

que solo buscan escapar de la realidad, del amor...

Porque el amor y la luz van unidos,

y estos laberintos solo atrapan a los que escapan;

 a los que en un minuto solo quisieron huir,

porque el miedo los paralizó

o porque el sufrimiento los despedazó.

 

Pero estamos de vuelta aquí,

por los caminos de la vida.

Esos senderos laberínticos que se nos

presentan de frente,

ante nuestros ojos,

para que nos demos cuenta de que,

a pesar de todo lo vivido, aún estamos aquí.

 

Y mientras sigamos por esta senda llamada vida,

seguirá existiendo la esperanza de tomar

el camino correcto: el que nos lleve a la paz,

el que nos lleve al amor y a la felicidad.


viernes, 1 de julio de 2011

Noche en Santiago

Tránsitos secretos, 

palabras nocturnas.

 Caminantes obscuros 

que se insinúan,  

mientras Santiago se mece 

a un ritmo distinto.

Mientras Santiago nos mece 

en la noche de nostalgia,

de soledad...

Noche de caminar.

Un paso delante, 

otro detrás,

con la mente divagando

hacia ningún rumbo...


jueves, 30 de junio de 2011

Retrospectiva



En estos instantes de paz y tranquilidad,  

reflexiono y miro hacia atrás.

Hago un ejercicio de retrospectiva

y recuerdo tantas cosas sobre ti...

Recuerdo que, a cada amanecer,

despertaba y te veía a mi lado;

cada vez que hablaba, te pronunciaba,

y ya no sabía qué hacer.

 

Sentía que mi vida sin ti no podía ser.

Vivir sin ti era como un mar sin olas,

como un cielo sin luna;

porque sentía que tú iluminabas mis noches

y las hacías diferentes, únicas y especiales.

 

Sentía que nada tenía razón,

que todo carecía de sentido.

Creí que no tenerte era un sueño,

un loco sueño que no quería recordar;

pero era esa mi realidad.

Una realidad que deseaba olvidar,

de la que deseaba salir y desaparecer,

sin dejar huella ni rastro.

 

Quería marcharme como las aves

cuando llega el otoño:

volar libre, sin dejar rastro,

librarme de lo que me oprimía,

librarme de un amor no correspondido.

Solo quería volar, desaparecer,

porque el amor que sentía

ya no cabía dentro de mi ser.

 

Pero, a la vez, deseaba verte,

sentirte y mirar tu rostro

iluminado por una sonrisa;

sentir esa pasión,

ese deseo, ese fuego que una vez ardió,

y simplemente ser feliz.

 

Y ahora que miro hacia atrás,

y veo las cosas desde otro matiz,

me doy cuenta de que solo yo te amé.

En esta historia, solo yo sufrí.

En esta historia, solo yo sentí.

 

Pero no me arrepiento de haberte amado.

No me arrepiento de haberlo hecho,

porque, al menos por un instante,

sentí el fuego, la pasión y el deseo:

el amor en lo más profundo de mi ser.

 

No me arrepiento de mi ayer,

porque hoy me doy cuenta de que jamás

hay que arrepentirse por amar

a alguien profundamente.

Jamás me arrepentiré de este amor.

 

Quedé con el corazón destrozado,

y aunque el día de ayer no vuelva más,

me quedaré con el sabor en mi boca

de tus dulces besos.

 

Y ahora que toda esa pasión

y locura ya no son,

solo me queda decir que amar es un milagro.

Yo te amé, y si tú no supiste apreciarlo,

el único que salió perdiendo,

después de todo, en esta historia...

fuiste tú.


miércoles, 29 de junio de 2011

Tristeza


Absorta en mis pensamientos,

en lo más profundo de mi ser,

te encontré.

 

Estaba buscando lo que me causaba dolor,

 y descubrí que es tu recuerdo

el que me está matando.

Una saeta ardiente en mi alma

que no me deja ya ni respirar.

 

Y así seguí escarbando dentro de mí;

y seguías ahí, causándome aflicciones,

tristezas, fantasías y deseos.

Sensaciones y sentimientos contradictorios

que ya no me dejaban vivir.

 

Y por más que trato,

ya no puedo existir sin tenerte

presente dentro de mis pensamientos.

 

Mis ojos lloran porque quieren verte,

mi piel se estremece porque

ya no puede sentirte, y yo, aquí,

me desgarro de dolor por no tenerte.


martes, 28 de junio de 2011

Mi luz


La luz ilumina el camino por el que ando;

la luz llena mi vida de una calma profunda.

Siento algo especial, único,

indescifrable e indecible...

Algo que no sentía hace mucho tiempo.

 

Estaba sumida en el frío,

en la obscuridad de una espesa bruma

que todo lo colmaba.

 

Pero hoy siento dentro de mí la calma. La luz llena

todo mi ser,

y esa luz la encontré en tu mirada.

 

Tu mirada, que todo lo ilumina;

tus ojos, que me miran y me hacen sentir plena.

Tú, tú, tú...

que llegaste de repente, sin buscarte,

y cambiaste el curso de los acontecimientos,

el curso de mi vida.

 

 

Tú, con tu simplicidad.

Tú, con tu dulzura.

Tú, con tu luz.

Tú, con tu paz.

 

Y esa paz invade el universo entero,

porque juntos somos el universo,

juntos somos luz,

juntos somos paz,

juntos somos todo,

juntos somos amor.

 

Un amor tierno, dulce,

sin ataduras y sin fin;

un amor en armonía,

un amor en paz,

un amor lleno de luz.


viernes, 24 de junio de 2011

Rex un pequeño perro



Me encontraba contemplando la inmensidad de la noche estrellada. Era una de esas veladas diáfanas que te invitan a perder la mirada en el firmamento, con la luna en lo más alto, brillando con una luz inspiradora. Yo solo quería dejar la mente en blanco, disfrutar de la placidez serena y encontrar paz para mi alma.

 

Sin embargo, en el Reino de las Hadas, raras son las ocasiones en que uno puede sentarse a mirar el horizonte sin que aparezca alguien inesperado. Mientras estaba allí, en la colina, un pequeño perrito blanco con manchas cafés se acercó a mí. Empezó a hacer mil piruetas, coqueteando para llamar mi atención. Fue tan gracioso que comencé a acariciarle el lomo. Le pregunté su nombre; me dijo que se llamaba Rex. Entonces, quise saber qué hacía en el Reino Peligroso.

 

—Un día estaba tranquilo en mi jardín de rosas —me contó—, cuando pasó un anciano de aspecto desagradable y cortó una flor. Yo me enojé mucho, le mordí la pierna rompiéndole el pantalón y lo eché. Como perro de la casa, mi deber es que nadie robe las rosas. Pero el viejo granuja se enfadó y me lanzó un encantamiento. Me quedé dormido y, al despertar, ya no estaba en mi casa. Además, me pasó algo extraño: ya no ladraba como un perro normal, sino que ahora podía hablar.

 

Rex continuó con su relato, con una mezcla de asombro y temor:

—Este lugar me da mucho miedo, hay miles de cosas que jamás había visto. Salí a explorar y me encontré con lo que creía que era un perro enorme... pero era un Grifo. Tenía unas alas grandes; me asusté tanto que me puse a tiritar. Él me llamó por mi nombre, me dijo que no temiera y me subió a su lomo para llevarme a volar y que conociera el lugar.

 

Mientras volaban, el Grifo le explicó muchas cosas extrañas sobre los habitantes del reino: magos, reyes del mar, sirenas, el señor que vive en la luna y dragones.

—Tantas cosas que no pude retener en mi cabeza perruna —confesó Rex—. Es que soy un poco despistado y olvidadizo, solo soy un perro, no pueden pedirme más.

 


Como me había contado, el Grifo lo llevó a volar toda la noche por el Reino de las Hadas, hasta que hicieron una parada en una cueva. No era un lugar helado ni feo, sino una morada bien elaborada, bonita y acogedora, con lindas telas en los muros para toscos toques. Allí vivía una colonia de dragones blancos, refugiados de otro reino.

 

—Me sirvieron una cena de bienvenida digna de altos reyes —dijo Rex, relamiéndose—. Jamás me habían ofrecido filetes de ese tamaño, acompañados de verduras frescas y agua pura. Fue un banquete maravilloso. Me contaron historias de un lugar llamado Reino de Arda, con sagrados dioses y Valar, y cómo la maldad de un señor obscuro lo estaba convirtiendo en un lugar lúgubre. Por esa causa tuvieron que emigrar con su colonia hasta estas tierras, y me dijeron que otra parte de su pueblo estaba allende los mares, protegidos por el señor Manwë.

 

Rex se había entretenido mucho esa noche con el Grifo y las historias de los dragones, pero, al igual que ellos, sentía nostalgia por su hogar. Añoraba volver a su jardín, poder echarse a dormir y oler el suave aroma de sus rosas.

 

—Me preguntaba una y otra vez por qué tuvo que pasar ese viejo gruñón por mi jardín y enviarme aquí —se lamentó—. Uno de los dragones me explicó que ese viejo es un mago muy cascarrabias que siempre está enojado, pero se enfada mucho más cuando lo muerden y le rompen su único pantalón.

 

Sin embargo, el Grifo le había dado ánimos: «Rex, no tengas tanta pena, todos te ayudaremos a llegar a tu jardín para que no estés triste. Por ahora, solo disfruta de lo hermoso que es estar aquí».

 

—Por eso salí hoy a contemplar las estrellas, como dijo mi amigo —concluyó Rex—. Por eso estoy aquí contigo, mirando la infinitud del firmamento coronado por esta luna llena, redonda y brillante. Es tan linda que creo que aullaré mucho esta noche. ¿A ti no te molesta que aúlle a tu lado?

 

—No, no te preocupes —le respondí—. Creo que tus aullidos, Rexito, no me molestan. Al contrario, harán que esta noche sea más perfecta. No siempre se encuentran perritos como tú en el Reino de las Hadas. ¿Te parece si, después de que termines de aullar, me acompañas a ver a los dragones a su cueva?

 

Al mencionar la palabra "dragones", Rex se puso a saltar de alegría. Estaba eufórico ante la idea de volver a ver a los Dragones Blancos. Comenzó a aullar a la luna y, como por arte de magia, llegaron dos Grifos que se posaron a su lado. Los tres unieron sus voces en una serenata para la luna; se oía muy bien y resultaba muy gracioso.

 

Cuando acabaron, nos subimos al lomo de los Grifos y nos llevaron a la cueva de los dragones, que estaba bastante lejos, en medio de unas colinas altas y de difícil acceso. Llegamos rápido gracias a la destreza de los Grifos y allí nos recibieron los Dragones Blancos con mucha alegría. Estaban celebrando una fiesta por su primer año en el País de las Hadas, así que la velada se extendió hasta el amanecer. Fue una cena deslumbrante y una charla maravillosa, llena de historias sin fin, cuentos y poesía.

 

Al despuntar el alba, cuando todos estaban extenuados, los Grifos nos llevaron de vuelta a la playa, pues dijeron que no era prudente seguir en la cueva a esa hora. Volaron sobre el mar bajo la luz matutina, regalándonos una de las escenas más lindas que he presenciado. Pero el pobre Rex iba tan agotado que no vio nada; ya se había dormido. Los Grifos aterrizaron con cuidado para no despertarlo. Como yo tenía que marcharme, lo dejé descansar y soñar, tapándolo bien para que estuviera cómodo.

 

A veces, cuando voy a la playa, me encuentro con Rex y me cuenta sus nuevas aventuras con los Grifos, los dragones y los magos; incluso a veces lo llevan a la luna. Pero aún no ha encontrado al mago gruñón que lo haga volver a su jardín. Por eso, de vez en cuando, le dejo rosas de mi propio jardín para que no sienta tanta nostalgia.

 

Si alguna vez vas a la playa y ves al perrito, te pido que le lleves rosas fragantes, para que Rexito se sienta un poquito más alegre y cómodo, como en su casa 






miércoles, 15 de junio de 2011

Mírame



Mírame a los ojos, hazlo.

Mírame una y otra vez, hazlo;

nunca dejes de mirarme, nunca.

Tu mirada ilumina mi vida,

mi sendero, y alivia la carga

que llevo en mi alma.

 Mírame y hazlo de frente,

siempre mírame.

 

Tu mirada refleja tus sentimientos,

todo tu interior.

Tu mirada es bella,

me da paz, alegría, ganas de seguir aquí.

Mírame, sí, por siempre y hasta siempre.

Mírame con los ojos del amor,

de la belleza, con los ojos de lo indescriptible

y lo inefable.

Mírame con la mirada de la fidelidad,

el respeto y la admiración.

 

Mírame, solo hazlo.

Quiero descubrirte,

 conquistarte a través de tu mirada.

Mírame, sí, mírame,

y déjame conocer el gran secreto de tu ser.

Juntos nos descubriremos.

Mírame y juntos llegaremos

a miles de lugares desconocidos,

 y nos quedaremos ahí hasta haberlos

explorado y conquistado juntos.

Mírame, ámame, mírame.

 

Nunca dejes de amarme ni de mirarme.

Mírame, hazlo, mírame;

ámame, mírame.

 

Solo en tu mirada me siento segura;

en tus reflejos encuentro la luz,

en tu dulzura encuentro paz.

Puedes dejar de amarme,

pero jamás de mirarme.




lunes, 13 de junio de 2011

La Creación de Los Dragones blancos.


Prólogo

 

Aunque en un principio los dragones fueron concebidos por el Señor Obscuro, quien vertió su maldad en ellos para destruir a los Elfos, existieron linajes —como los Dragones Blancos— que no albergaron en su interior la esencia maligna de Melkor.

 

El mismo Melkor, siendo un Ainur creado por Eru, poseía grandes poderes, pero al corromper su música no pudo evitar que, involuntariamente, algo de la luz original de Ilúvatar permaneciera en algunas de sus obras. Así, lo que nació para ser un instrumento de maldad, en el caso de los Dragones Blancos, se desvirtuó hacia la bondad. Muchos de ellos rechazaron la sombra de su creador y se convirtieron en seres llenos de nobleza.

 

La Historia de la Migración a Tierras Desconocidas

 

La odisea de la partida de los Dragones Blancos dejó un vacío profundo en la Tierra Media. A diferencia de sus parientes cromáticos, estos sentían un gran aprecio por los Hombres y los Elfos; incluso con los Enanos mantenían una relación de respeto y ayuda mutua en las Montañas Nubladas, antes de que las hordas de orcos —esa otra aberración del Señor Obscuro— lo infestaran todo.

 

Los orcos eran criaturas abominables, especialmente los Uruk-hai, cuya crueldad no conocía límites. Practicaban el canibalismo y, en su hambre insaciable, eran capaces de atacar incluso a los dragones. Por ello, la colonia de dragones bondadosos buscó refugio en las profundidades de Khazad-dûm, conviviendo en armonía con los enanos en las minas de Moria.

 

En Moria, descubrieron la belleza del lenguaje. Mientras las bestias del mal odiaban el sonido de las palabras, los Dragones Blancos aprendieron el idioma de los enanos y los secretos de la minería. También dominaron el élfico para comunicarse con los emisarios de la Casa de Elrond. Sin embargo, no toleraban el habla retorcida del enemigo, pues sus oídos estaban hechos para la armonía. 


El Despertar del Daño de Durin

 

A pesar de la paz inicial, supieron que en lo más profundo de la montaña moraba una criatura maligna de épocas remotas: el Balrog. Este demonio de fuego y sombra, un sobreviviente de los días de Morgoth, representaba la destrucción absoluta de la Música de Eru. Los Dragones Blancos, llamados «traidores» por las huestes del mal debido a sus alianzas con los Pueblos Libres, no podían coexistir con tal horror.

 

Antes de que el Balrog advirtiera su presencia, decidieron marchar. La despedida fue amarga; los señores de Moria, Balin y Fundin, les entregaron regalos de inestimable valor: cotas de malla, gemas y joyas que refulgían como estrellas. Los dragones amaban estos presentes, pues hacían que sus cuerpos se vieran más fuertes y relucientes al volar bajo la luz del sol.

 

El Gran Éxodo y el Nacimiento en el Bosque Encantado

 

Los dragones volaron más allá de las Montañas Nubladas, buscando el amparo de las Pelóri. La travesía fue una auténtica odisea, pero con el apoyo silencioso de los Teleri y otros amigos, lograron avanzar. Durante el viaje, añoraban la Tierra Media: extrañaban las risas de los Hobbits, las cenas con los Hombres y, sobre todo, fumar la hierba para pipa de la Cuaderna del Sur junto a los Enanos, llenando las cuevas de aromas y relatos de orfebrería.

 

Sabían que su partida era necesaria para la supervivencia de su especie, confiando en que un día, cuando la maldad fuera derrotada, podrían regresar a una tierra libre de toda obscuridad.

 

Un Refugio Inesperado

 

La travesía de los Dragones Blancos tuvo que detenerse de forma imprevista. Una de las dragonas estaba a punto de desovar y el peso del huevo, sumado al esfuerzo del viaje, le impedía seguir batiendo sus alas en la inmensidad del cielo.

 

Buscando un lugar seguro, lograron descender en el bosque donde moraba Tom Bombadil junto a Baya de Oro. Ellos, conocedores de los secretos más antiguos de la tierra, les brindaron alojamiento y protección. En un rincón cálido y protegido del bosque, la dragona preparó su nido y puso un huevo de cáscara nacarada que brillaba con una luz tenue.

 

Baya de Oro cuidó del nido con cantos y agua fresca, asegurándose de que el pequeño ser creciera con todas las comodidades. Finalmente, tras una breve espera, el huevo eclosionó: de él surgió un hermoso dragoncito de color platinado y brillantes ojos verdes.

 

Acamparon en aquel refugio durante seis meses, hasta que la madre recuperó sus fuerzas y la cría fue capaz de sostenerse en el aire. El mago Gandalf el Gris se encargó de velar por que ninguna criatura del Señor Obscuro detectara la presencia del nido, permitiendo solo que algunos Hobbits de confianza visitaran el lugar para conocer al recién nacido. Una vez listos, la familia retomó su vuelo hacia el horizonte, perdiéndose más allá del crepúsculo.

 

El Destino Final

 

Hoy, la Tierra Media ya no conoce el vuelo de los Dragones Blancos. No se sabe con certeza si permanecen bajo el cuidado de Manwë en las cimas de las Pelóri o si se establecieron en el Reino Peligroso, donde habitan las hadas y los magos. Gracias a la protección del Señor de los Vientos, su morada final es un misterio para aquellos con el corazón lleno de sombra.

 

Solo un aventurero con el valor suficiente para cruzar el Reino de las Hadas podría descubrir qué camino tomaron estos nobles guardianes de la herrería y la minería. Mientras tanto, Eru Ilúvatar guarda su secreto, protegiendo a estos hijos de Arda que solo buscaron vivir en paz y disfrutar de la hospitalidad de los pueblos amigos.