Desde el levante se ve ella,
la hermosa
cordillera de los Andes,
que con ese
manto blanco de nieve
deslumbra a
quien la mire.
Hermosa,
vestida de gala,
majestuosa y
perfecta.
¿Cómo no
amarte, cordillera de los Andes,
que vigilas
desde las alturas del naciente
este país estrecho
y flaco
Montaña
querida,
que eres
majestuosa y nos das la vida,
tus colores
son vibrantes,
contrastan
con el gris de la ciudad,
con lo
moreno de la tierra del desierto
y con el
verde de la zona austral.
El frío es
inaguantable,
pero ver tus
mantos blancos,
¡oh,
cordillera de los Andes!,
es la dádiva
más divina
que los dioses nos pudieron dar.