viernes, 21 de agosto de 2026

Anatomía de la noche obscura.

 

El aire dentro del camarote olía a sal estancada y a madera podrida. Cuando abrió los ojos, el crujido del barco resonó como un estertor en sus oídos. Se puso en pie, tambaleándose sobre las tablas húmedas, y subió a la cubierta solo para encontrar el vacío. No había tripulación, no había capitán, no había una sola alma que respondiera a su presencia. La soledad se le metió por los poros como una aguja helada.

A su alrededor, el mar no era mar, sino un monstruo encabritado de aguas hoscas que se tragaba cualquier vestigio de horizonte. Navegaba a la deriva, atrapada en un timón inútil que giraba sin rumbo bajo un cielo clausurado. La tormenta no cedía; era un bucle eterno de rayos mudos, bruma espesa y nubes pesadas que aplastaban el aire. No había luna, ni estrellas, ni una sola chispa de luz en aquella noche obscura que parecía no haber tenido jamás un inicio ni prometer un final.

Cansada de luchar contra el vaivén, se dejó caer sobre las tablas gélidas. Miró sus propias manos: carecían de color, sumidas en una penumbra grisácea donde nada tenía sabor, ni sustancia, ni sentido. El frío de la niebla la caló hasta las entrañas, pero el verdadero dolor no venía del viento. Venía de adentro. Respirar se convirtió en un acto mecánico y lacerante; cada bocanada de aire salobre le desgarraba el pecho, como si estuviera tragando cristales rotos.

Un vacío inmenso, denso como el plomo, se asentó en su centro. Ese nihilismo feroz, la certeza absoluta de que el barco no se dirigía a ninguna parte y de que no existía orilla alguna al otro lado del océano, la aplastaba sin piedad. La existencia misma era una condena de minutos infinitos donde el dolor le desfechaba el alma a jirones.

Se llevó las manos a la cabeza, apretando los dientes para contener la marea de angustia que amenazaba con reventarle el pecho.

—¡Ya no quiero más! —gritó hacia la nada, pero la tormenta devolvió su voz amortiguada por la niebla—. ¡Ya no quiero seguir aquí! ¿Por qué tengo que seguir sobreviviendo a tanto dolor y a tanta pena? ¡Ya no más! ¡Ya no más!

Se arrastró hasta la borda y miró el abismo del agua obscura. La bruma densa abría sus brazos justo debajo, ofreciendo lo único que el barco no podía darle: el cese definitivo del eco de su propio llanto.

viernes, 7 de agosto de 2026

Tostadas de Poseidón

 


Ingredientes:

·         4 rebanadas de pan

·         2 paltas

·         1 cebolla

·         1 diente de ajo

·         Jugo de 1/2 limón

·         25 g de pescado cocido

·         10 camarones cocidos

·         Pimienta blanca

·         Sal

·         Salsa Tabasco

·         Caviar rojo

·         Tomates cherry (opcional)

Preparación:

1.     Moler y picar: Muele las paltas y agrégales el jugo de limón. Desmenuza el pescado y pica cuatro camarones. Pica la cebolla muy fina y lamina el diente de ajo.

2.    Mezclar: En un recipiente, combina la palta, el pescado, los camarones picados, la cebolla y el ajo hasta lograr una pasta uniforme. Sazona, con sal, pimienta blanca y unas gotas de Tabasco al gusto.

3.    Tostar: Tuesta las cuatro rebanadas de pan hasta que queden bien doradas y crujientes.

4.    Montar: Cubre las tostadas con la pasta. Decora cada una con un camarón entero y un toque de caviar rojo.

v  Sugerencia de presentación: Sirve sobre una fuente decorada con tomates cherry cortados en cuartos y camarones adicionales. Un aperitivo marino de corte mitológico, pensado para desbocar la pasión con la misma fuerza con la que Poseidón domina las aguas.


miércoles, 5 de agosto de 2026

El Fuego y la Ausencia

 

Cada instante en esta espera es un fuego lacerante,

un torbellino obscuro que desgarra mi razón,

las horas pasan lentas, como gotas de un instante,

y el dolor se vuelve duelo en mi propio corazón.

El fuego quema el alma, mi cuerpo se estremece,

la obsesión es un veneno que destruye mi mente,


en este dolor constante que jamás desvaneces,

me pregunto por qué no amo de forma recíprocamente.

¡Oh amor mío, si supieras el enigma del qué!

¿Por qué este amor profundo no resulta correspondido?

Mis ojos lloran lágrimas de ácido y de fe,

esperando volver a ver lo que casi he perdido.

Cuento sólo los segundos para un nuevo encuentro,

aunque sé que el destino sigue siendo incierto,

mi piel busca tu piel en un grito muy dentro,

y anhelo el aroma que dejaste en mi desierto.

En esta tensa espera, desoladora y fría,

siento el colapso denso de un alma que se quema,

el cuerpo ya no aguanta tanta angustia vacía,

y el dolor de no verte se convierte en mi poema.

domingo, 2 de agosto de 2026

Oda a la Cordillera de los Andes

 


Desde el levante se ve ella,

la hermosa cordillera de los Andes,

que con ese manto blanco de nieve

deslumbra a quien la mire.

Hermosa, vestida de gala,

majestuosa y perfecta.

¿Cómo no amarte, cordillera de los Andes,

que vigilas desde las alturas del naciente

este país estrecho y flaco

que brilla cuando tú estás de blanco?

Montaña querida,

que eres majestuosa y nos das la vida,

tus colores son vibrantes,

contrastan con el gris de la ciudad,

con lo moreno de la tierra del desierto

y con el verde de la zona austral.

El frío es inaguantable,

pero ver tus mantos blancos,

¡oh, cordillera de los Andes!,

es la dádiva más divina

que los dioses nos pudieron dar.