Este es un espacio ecléctico y feminista, nacido de la necesidad de nombrar lo que a veces se calla. Aquí se cruzan los senderos de mis ser: desde la precisión de un dato hasta la mística de un verso que nace en la penumbra.
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sábado, 18 de abril de 2026
El laberinto de la voluntad.
Las luces divagan como un ciclón psicodélico; esas luces que no me dejan ver nada más que la obscuridad que lo envuelve todo. A cada instante me recuerdan que las cosas siguen así: inmóviles, inertes, gélidas y llenas de memorias que, a veces, es mejor no recordar.
Así, entre esta bruma espesa que sobrevive a la débil luz de lo inimaginable, continúa el día. Así, sin nada nuevo. ¿Qué se puede esperar? Frío, obscuridad, bruma... y quizá también un poco de ese delirio enloquecedor que te envuelve, tal como las alas de las mariposas, para llevarte volando hacia el horror.
Te arrastra desde lo más profundo de la inmensidad hacia lo más brumoso y espeso de un bosque tenebroso, donde todo está ya plagado de bestias espantosas y despiadadas que jamás descansan. A cada instante, ellas te obligan a recordar el inmundo lugar en el que estás. Te preguntas una y mil veces cómo llegaste, buscas desesperadamente la salida, pero no existe. Quizás solo halles respuestas de cómo entraste y por qué lo hiciste; la respuesta amarga de que tú mismo creaste este sitio.
Al final, tú mismo elegiste tu camino. Ahora, a cada segundo y a cada paso que das, ruegas desde lo más hondo de tu ser para que se te sea concedida la libertad; esa misma a la cual renunciaste en el momento en que elegiste seguir el sendero de lo infranqueable y lo irreconciliable.
Y así transcurre cada paso y cada día: lleno de sombras y de lamentos que te recuerdan, sin piedad, que nunca más podrás ver el sol.
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