Estrellas que ayer dejaron de brillar,
sueños
que dejaron de existir,
anhelos
que se fueron con el correr
de
los días,
esperanzas
desvanecidas
llenas
de historias truncadas
y
corroídas por el moho
y
la falta de luz.
Llena
de obscuridad profunda
que
cala hasta lo más profundo
apartando
cualquier indicio
de
luz, de verdad, de armonía,
de
paz.
En
este frío lleno de desasosiego
lleno
de crueldad sin límites,
me
encuentro aquí sola
pensando
en ti.
Tratando
de recordar
en
que algún instante
mi
vida era completamente diferente.
Evoco
en mi mente
los
últimos momentos
de
felicidad que tuve
a
tu lado,
y
me cuesta tanto encontrarlos
que
llegué a pensar que jamás
nunca existieron.
Quizás
mi alma se congeló
hace
tanto tiempo que en
mis
recuerdos no quedaron
siquiera
registrados
ningún
instante de lúcida tranquilidad,
aún
no logro descubrir
si
en algún momento fui feliz
estando
contigo a tu lado.
¿Fue
quizás una fantasía
creada
por la ilusión y las ganas
locas
que tenía de amarte
y
de hacerte el hombre más feliz
que ha habido en el mundo?
Eso
no lo sé, pero lo que sí
tengo
muy en claro es que
en
este instante estoy sin
esperanzas,
sin ilusiones,
y
no sé por qué razón
me
siento en paz;
después
de asumir que
no
eres nada para mí,
me
siento liberada
de
una pasión que me tenía
cegada,
presa de algo
que no me correspondía.
Ahora
estoy libre,
estoy
tranquila,
estoy
volviendo a mí,
volviendo
a ser yo,
siendo
feliz,
sin
nada, ni nadie
que
me lastime
o me haga sentir menos.
Habito
por fin
mi
propio centro,
donde
el frío ya no quema,
y
el silencio es, al fin,
mi hogar.

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