En los años 40, mi papá acababa de llegar a
Santiago proveniente de Antofagasta. Era la primera vez que estaba en la
capital en busca de oportunidades laborales y aún no se ubicaba bien en la
ciudad.
Era época de elecciones y la campaña estaba
en plena actividad. Las calles se veían saturadas de carteles de los diversos
candidatos al parlamento, un laberinto de rostros y promesas. Para ayudarlo, un
amigo le dio como referencia un afiche específico: debía bajarse de la micro
justo en esa esquina para llegar a la pensión donde se alojaba.
El sistema funcionó a la perfección durante
las semanas de campaña; pero el lunes siguiente a las votaciones, mi papá se
pasó de largo y terminó en el terminal de la línea. El entusiasmo electoral
había quedado en el pasado obscuro de la víspera y, para su sorpresa, ya no
quedaba ni un solo rastro de propaganda en las esquinas de la ciudad.

Muy bueno. Me encantan los cuentos cotidianos, basados en las ciudades, de inspiración en las cosas comunes. Gracias por escribir ^^
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